En los primeros años de la década de 1990, Arvind Krishna se unió a IBM Research con un objetivo claro: especializarse en redes. Durante su posgrado en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (UIUC), había desarrollado su tesis de máster en teoría de códigos algebraicos, concretamente en códigos cíclicos. Estos códigos son patrones matemáticos diseñados para evitar interferencias entre señales, permitiendo que múltiples conversaciones coexistan sin solaparse, como si cientos de personas pudieran hablar en una misma habitación sin interrumpirse.
Aquella investigación, que en su momento parecía un ejercicio académico sin futuro práctico, terminó convirtiéndose en la piedra angular de una tecnología que hoy utilizamos a diario: el Wi-Fi. Krishna lo recuerda como un ejemplo claro de cómo la curiosidad puede generar oportunidades inesperadas.
«Al principio, pensé que aquel conocimiento nunca volvería a ser útil», confesó. Sin embargo, apenas seis meses después de incorporarse a IBM, la casualidad cambió el rumbo de su carrera. La pregunta que surgió entonces era crucial: ¿era posible construir redes inalámbricas? Hasta ese momento, las redes cableadas eran la única opción viable, con usos limitados de la tecnología inalámbrica en sectores como la aviación. Pero cuando la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU.) asignó espectros de frecuencia, la necesidad se volvió urgente: ¿cómo evitar que cientos de dispositivos inalámbricos en un mismo edificio entraran en conflicto?
«Era un problema clásico de codificación», explicó Krishna. Y, para su sorpresa, descubrió que ya tenía la respuesta. Los códigos cíclicos que había estudiado años atrás eran exactamente lo que se necesitaba para resolverlo. «No tuve que reinventar nada; solo aplicar lo que ya sabía». Lo que en su momento parecía un trabajo teórico sin aplicación práctica se convirtió en la base del Wi-Fi moderno.
Este episodio le enseñó una lección fundamental: la curiosidad se acumula. Las preguntas que merece la pena explorar no siempre generan resultados inmediatos, pero pueden surgir en el momento más inesperado.
La tecnología no lo es todo: el papel del mercado
A medida que avanzaba el desarrollo tecnológico y colaboraba con el equipo de productos de IBM, Krishna aprendió otra valiosa lección: la innovación no triunfa solo con tecnología. También es esencial entender el mercado.
«Habíamos demostrado que la conectividad inalámbrica de alta velocidad era viable», recordó. «Visualizábamos un futuro con portátiles que permitieran trabajar sin cables, pero el equipo de producto no estaba convencido». Los clientes ya habían invertido fuertemente en infraestructuras cableadas, lo que hacía que el Wi-Fi pareciera una solución poco práctica. «Fue decepcionante, pero ese revés se convirtió en un momento clave de mi carrera».
Krishna comprendió entonces que la innovación requiere algo más que avances técnicos. Para tener éxito, es necesario combinar la innovación con una profunda comprensión del negocio: modelos económicos claros, conocimiento del mercado y capacidad para anticipar las necesidades de los clientes. «Puedes tener la mejor arquitectura y la idea más prometedora, pero sin un enfoque comercial sólido, no llegarás a ninguna parte».
El poder de la mentalidad de crecimiento
La última lección que extrajo de esta experiencia fue personal. Para triunfar en IBM, Krishna entendió que debía ir más allá de ser solo un tecnólogo. Necesitaba desarrollar habilidades empresariales: comprender los mercados, la economía, el comportamiento de los clientes y el timing adecuado.
Más tarde, encontró en la psicóloga de Stanford Carol Dweck un concepto que encapsulaba estas ideas: la mentalidad de crecimiento. Según Dweck, las capacidades no son fijas; el progreso se logra mediante el aprendizaje, la perseverancia y la adaptación. «Mi primer fracaso con el Wi-Fi me enseñó exactamente eso», afirmó Krishna. «Con una mentalidad de crecimiento, el conocimiento que creías inútil puede convertirse en algo crítico en el momento adecuado».
Aunque hoy no podría repetir aquel trabajo de codificación, asegura que sigue comprendiendo sus fundamentos. «Cuando nuestro equipo de computación cuántica habla de errores y corrección, entiendo de qué están hablando. La base que senté entonces sigue siendo relevante».