El Draft de la NFL en Pittsburgh: un evento sin público ni entusiasmo
El Draft de la NFL arranca esta noche en Pittsburgh, pero nadie parece importarle. Las reservas en hoteles y apartamentos turísticos están muy por debajo de lo previsto, y los precios desorbitados —hasta cuatro cifras por una sola noche— ahuyentan a los aficionados. Los locales tampoco están contentos: el sistema público de enseñanza ha tenido que suspender las clases presenciales durante tres días para ceder espacio al evento.
El ambiente es tan bajo que Fernando Mendoza, la primera selección global de este año, ya ha anunciado que no asistirá. El Draft, en resumen, está más muerto que el interés por el fútbol americano en esta ciudad.
¿Por qué debería importar este Draft?
Aunque la promoción de este año no destaca por su calidad, Pittsburgh debería estar llena de seguidores de los Jets que viajan desde Nueva York para abuchear en persona la elección de Arvell Reese. Incluso el autor de este artículo, vestido con su camiseta de Kevin Williams, debería estar allí para vivir la experiencia en directo.
Sin embargo, la realidad es que el evento carece de ese magnetismo tradicional. En lugar de eso, los asistentes —si los hay— se conformarán con un desayuno típico de Pittsburgh: una hamburguesa de scrapple con dos McGriddles como pan.
Un fracaso anunciado
La falta de interés no es casual. La NFL, acostumbrada a eventos masivos, se enfrenta a un público cada vez más indiferente. Las redes sociales, los memes y la saturación de contenido han reducido el impacto de un Draft que, en otras épocas, movilizaba a miles de personas.
Mientras la liga intenta recuperar su magia, Pittsburgh se prepara para un fin de semana de hoteles vacíos y calles tranquilas. El Draft de la NFL ya no es lo que era.