Una estudiante universitaria de 19 años ha interpuesto una demanda contra la aplicación de citas Meete, acusando a sus creadores de haber utilizado un vídeo suyo publicado en TikTok para crear anuncios publicitarios sin su consentimiento. Según la demanda, presentada el pasado 28 de abril en el estado de Tennessee (EE.UU.), la empresa habría empleado tecnología de geolocalización para dirigir estos anuncios a usuarios cercanos a su ubicación, incluyendo hombres de su misma residencia universitaria.
Los hechos, de confirmarse, reflejarían un nuevo caso de cómo la tecnología moderna facilita que actores malintencionados imiten, objetivicen, exploten y acosen a individuos, especialmente mujeres. Aunque leyes recientes como la Take It Down Act se centran en el uso de IA para generar imágenes sexualizadas, en este caso se alega que Meete recurrió a técnicas más simples: edición de vídeo, voz en off y geofencing para crear engaños similares.
El vídeo que desencadenó la polémica
Kaelyn Lunglhofer, la joven afectada, subió un vídeo a TikTok el día de su graduación en el instituto. En él, aparecía con un conjunto naranja y dirigía unas palabras a sus seguidores con música de fondo. Tras comenzar sus estudios en la Universidad de Tennessee, Lunglhofer ganó popularidad como influencer en la plataforma.
Según la demanda, los responsables de Meete tomaron ese vídeo sin su autorización, añadieron gráficos publicitarios y una voz en off que simulaba decir: «¿Buscas un amigo con beneficios? Esta app te muestra mujeres cerca de ti que buscan diversión. Puedes chatear por vídeo con ellas».
La denuncia y las pruebas
Abe Pafford, abogado de Lunglhofer, explicó a CyberScoop que su clienta desconocía que Meete estuviera utilizando su imagen hasta que un compañero de residencia le comentó que había visto repetidamente anuncios de la app en su Snapchat. Pafford descartó que fuera una casualidad, dado el enfoque de Meete —conectar usuarios con mujeres cercanas— y la precisión de la tecnología de geofencing.
Antes de presentar la demanda, el bufete de Pafford contrató a una empresa de investigación para recopilar más pruebas. «El objetivo parece ser captar la atención de los espectadores —claramente orientado a hombres— con alguien que puedan conocer o reconocer, lo que hace el anuncio aún más perturbador», declaró el abogado.
Lunglhofer solo pudo confirmar los hechos gracias a que el compañero de residencia guardó grabaciones y capturas de pantalla de los anuncios. Pafford sospecha que podría haber más víctimas, pero resultaría difícil identificarlas y obtener pruebas tangibles.
Implicaciones legales y éticas
El caso subraya los riesgos asociados al uso indebido de imágenes personales en entornos digitales, especialmente cuando se combinan herramientas como la geolocalización y el deepfake (aunque en este caso no se empleó IA). La demanda busca no solo compensación para Lunglhofer, sino también sentar un precedente sobre la responsabilidad de las plataformas en la protección de los derechos de imagen de los usuarios.