Un evento de nueve horas en el National Mall

La Casa Blanca ha anunciado la celebración de «Rededicate 250: National Jubilee of Prayer, Praise Thanksgiving», un festival de oración cristiana de nueve horas que se llevará a cabo este domingo en el National Mall de Washington. El evento, parcialmente financiado con fondos públicos destinados a conmemorar el 250º aniversario de EE.UU., busca promover la visión de que el país fue fundado sobre valores cristianos y la Biblia.

Figuras clave en el evento

Entre los oradores confirmados se encuentran el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth. La mayoría de los participantes son líderes protestantes, aunque también asistirán figuras católicas como el obispo Robert Barron y el cardenal Timothy Dolan, junto al rabino Meir Soloveichik.

Declaraciones controvertidas

La reverenda Paula White-Cain, asesora espiritual de Donald Trump, describió el festival en un seminario web como un acto para «rededicarnos a Dios» y resaltar los «valores cristianos» sobre los que, según ella, se fundó la nación. White-Cain, conocida por comparar a Trump con Jesús, aclaró que el evento no incluirá oraciones a «diferentes dioses», enfatizando el enfoque en la herencia «judeocristiana» de EE.UU.

Brittany Baldwin, directora ejecutiva de la 250 Task Force de la Casa Blanca, añadió que el evento busca escuchar las preocupaciones de los líderes religiosos y alinear el mensaje con las creencias de la comunidad de creyentes en todo el país. Sin embargo, reconoció que, de incluirse otras religiones, sería de manera «modesta».

Controversia constitucional

El uso de fondos públicos para un evento con un claro sesgo religioso choca con la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU., que prohíbe el establecimiento de una religión oficial por parte del Estado. La participación de altos cargos del gobierno en un acto de estas características ha generado críticas sobre la separación entre Iglesia y Estado.

Además, la presencia de White-Cain, estrechamente vinculada a Trump, sugiere que el festival podría tener un trasfondo político, incluso sin la asistencia del expresidente. Este evento se suma a otras polémicas recientes, como la instalación de una estatua dorada de Trump en su residencia de Florida, lo que ha llevado a algunos a cuestionar la coherencia del mensaje espiritual del acto.

«Este festival no se trata solo de oración, sino de reafirmar una visión específica de la historia y la identidad nacional de EE.UU.», declaró un analista político bajo condición de anonimato.

Reacciones y críticas

El evento ha despertado escepticismo entre grupos defensores de la laicidad del Estado, que ven en esta iniciativa un intento de imponer una agenda religiosa desde las instituciones públicas. Organizaciones como la American Civil Liberties Union (ACLU) ya han advertido sobre posibles acciones legales si se confirma el uso inapropiado de fondos federales.

Mientras tanto, los organizadores insisten en que el festival busca unir a la comunidad de creyentes bajo un mensaje de gratitud y reflexión, aunque los detalles sobre su alcance y financiación siguen generando debate.