En abril de 2020, el mundo se enfrentó a una situación sin precedentes: confinamientos masivos para contener la expansión del Covid-19. El objetivo era claro: aplanar la curva de contagios, una expresión que se popularizó en aquel momento.
Seis años después, medidas como el cierre de escuelas y negocios, el uso obligatorio de mascarillas y el distanciamiento social se han convertido en recuerdos borrosos y poco gratos. Aunque el virus sigue siendo motivo de controversia política, su impacto directo en la vida cotidiana ha perdido fuerza.
La pandemia transformó economías, sistemas sanitarios y la forma de relacionarnos. Sin embargo, con el paso del tiempo, la percepción del riesgo ha cambiado. Para muchos, el Covid-19 ya no es una amenaza inminente, sino un capítulo cerrado de una crisis global que marcó una generación.