Brasil, en primera línea del impacto climático en la agricultura

Hace dos años, una ola de calor extrema azotó gran parte de Brasil. Durante cinco días a finales de abril de 2024, las temperaturas en las regiones central y sur del país alcanzaron niveles sofocantes. Muchos afectados aún se recuperaban de otra ola de calor histórica que había golpeado el sur brasileño el mes anterior. En Río de Janeiro, el índice de calor llegó a registrar 62,3 °C, el valor más alto en una década.

Estos fenómenos forman parte de un ciclo de períodos prolongados y severos de calor que han afectado durante años a uno de los mayores gigantes agrícolas del mundo. Los cultivos de soja y maíz, dos de los productos más importantes de Brasil, registraron caídas en estados como São Paulo. También sufrieron pérdidas generalizadas el maní, la patata, la caña de azúcar y el café arábica. En la región centro-occidental, miles de cerdos en granjas padecieron estrés térmico durante casi un año.

Cuando un frente frío atmosférico quedó bloqueado por la cúpula de calor, se desencadenaron lluvias devastadoras e inundaciones en el estado de Río Grande do Sul, en el sur del país. Esto interrumpió la cadena de suministro y los mercados de camarón rosado en todo Brasil.

Un informe de la ONU alerta sobre los riesgos globales

La mayoría de estos datos se recogen en un nuevo informe conjunto publicado el pasado miércoles por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El documento analiza los efectos acumulativos del calor extremo en el sistema agrícola mundial y propone estrategias para producir alimentos en un escenario donde las olas de calor se están convirtiendo en la norma.

Brasil es el único país analizado en detalle en este informe de 94 páginas. Sus exportaciones enfrentan una presión desproporcionada debido al aumento de las temperaturas y a la alternancia de fenómenos naturales como El Niño y La Niña. Sin embargo, el documento también menciona a otras docenas de países.

Otros casos destacados en el mundo

  • Chile: En 2016, el calentamiento de los mares provocó floraciones masivas de algas que causaron la muerte de unas 100.000 toneladas de salmón y trucha de cultivo, el mayor evento de mortalidad en la acuicultura registrado hasta entonces.
  • Estados Unidos: En 2021, una de las olas de calor más intensas de la historia afectó al noroeste del Pacífico. Se perdieron cosechas enteras de frambuesas y moras, las granjas de árboles de Navidad registraron una caída del 70% en el volumen de madera, y la combinación de calor extremo, sequía y incendios forestales aumentó entre un 21% y un 24% la superficie quemada en Norteamérica ese año.
  • India: Tras una ola de calor récord en 2022, el trigo en más de un tercio de los estados indios cayó entre un 9% y un 34%. El ganado afectado por el estrés térmico produjo hasta un 15% menos de leche, y algunos cultivos de repollo y coliflor vieron reducidos sus rendimientos a la mitad.
  • Kirguistán: En la primavera de 2023, en la cordillera de Fergana —una zona conocida por sus nieves perpetuas—, las temperaturas primaverales superaron en 28 °C la media estacional. Este fenómeno inusual contribuyó a una plaga de langostas y a una drástica reducción en las cosechas de cereales.

El futuro de la alimentación en un planeta más cálido

El calentamiento global causado por el ser humano se está acelerando a un ritmo sin precedentes. Los últimos 11 años han sido los más cálidos registrados, según datos de la OMM. El informe subraya que, sin medidas urgentes para adaptar los sistemas agrícolas, la seguridad alimentaria mundial se verá gravemente comprometida.

Los expertos insisten en la necesidad de invertir en tecnologías resilientes, prácticas agrícolas sostenibles y sistemas de alerta temprana para mitigar los impactos del cambio climático en la producción de alimentos. La ventana para actuar se está cerrando rápidamente.

Fuente: Grist