El proyecto de ampliación de la Casa Blanca con un salón de baile de 90.000 pies cuadrados, impulsado por el expresidente Donald Trump, enfrenta una fuerte oposición dentro de su propio partido. Senadores republicanos como Rick Scott, Josh Hawley y Rand Paul han cuestionado el uso de fondos públicos para financiar esta iniciativa, que ha visto cómo su coste se disparaba hasta alcanzar los 500 millones de dólares.
Scott, senador por Florida, fue claro en su postura: «No entiendo por qué se haría con dinero de los contribuyentes si hay financiación privada disponible. Tenemos una deuda de 39 billones de dólares. Quizá deberíamos dejar de gastar», declaró a NBC News.
Sus compañeros de partido compartieron su escepticismo. Hawley, senador por Missouri, afirmó: «Creo que los donantes deben ser públicos, pero no veo motivo para que, si hay donantes privados dispuestos, el contribuyente asuma el coste. Prefiero eso antes que que el dinero público cubra la factura». Sin embargo, añadió que la autorización del proyecto es un tema aparte.
Rand Paul, senador por Kentucky, también se mostró crítico: «Soy conservador y Trump ya tiene el dinero. No me opongo a una pequeña cantidad en el presupuesto, pero no a financiar los 500 millones de dólares al completo. Ya ha recaudado fondos privados».
La oposición interna podría complicar los planes de Trump. Este lunes, los senadores republicanos Lindsey Graham, Katie Britt y Eric Schmitt presentaron un proyecto de ley para destinar 400 millones de dólares a la construcción del salón de baile, que ahora incluye un búnker militar subterráneo, refugios antibombas y un hospital.
Inicialmente, Trump aseguró que el proyecto se financiaría con donaciones privadas de empresas y particulares. Sin embargo, los costes se han disparado y la iniciativa ha ganado en complejidad. Los demócratas, por su parte, rechazan de plano el proyecto, tachándolo de «despilfarro de fondos públicos» y exigiendo una autorización expresa del Congreso.
Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, criticó la iniciativa: «No he visto una solicitud concreta sobre el salón de baile, pero hay que reducir el alto coste de vida. La vida se ha vuelto más cara». Y añadió: «No es un proyecto de vanidad derivado de la destrucción —no autorizada— de la Ala Este de la Casa Blanca».