En una fábrica de Alabuga, en la república de Tataristán (Rusia), Darina, una adolescente de 16 años, ensambla drones de tipo Shahed, modelos iraníes empleados en la guerra de Ucrania. Con una sonrisa y un tono seguro, afirma: "El año que viene ganaré 150.000 rublos al mes (unos 1.700 dólares)". Su testimonio refleja una realidad impensable hace unos años: el gobierno ruso ha relajado las leyes laborales desde 2022 para permitir que jóvenes de 14 años trabajen en sectores como la industria armamentística.
Darina forma parte de una estrategia desesperada del Kremlin para paliar el colapso demográfico que amenaza al país. Según el ministro de Trabajo, Anton Kotyakov, Rusia enfrentará un déficit de 11 millones de trabajadores para 2030. Las cifras son alarmantes: desde la invasión a Ucrania en 2022, se estima que hasta un millón de personas han abandonado el país, mientras que las bajas militares superan las 200.000, según cálculos conservadores. La tasa de fertilidad, la más baja en dos siglos, añade presión a un sistema ya en crisis.
Trabajo infantil y propaganda: las medidas desesperadas del Kremlin
Para contrarrestar el declive poblacional, las autoridades rusas han implementado políticas controvertidas. En 2022, se flexibilizaron las leyes laborales, permitiendo que menores de 14 años trabajen en sectores antes prohibidos. Además, se promueven programas como campamentos de formación donde adolescentes aprenden a crear contenido propagandístico para redes sociales. En Moscú, un taller reciente capacitó a más de 120 jóvenes en técnicas de influencia digital y uso de inteligencia artificial, bajo la supervisión de soldados y medios estatales.
Vladislav Golovin, líder del movimiento juvenil Jóvenes Cadetes del Ejército Ruso, declaró que estos programas "han creado un ejército de niños que entienden cómo difundir los valores del gobierno". Sin embargo, no todos los jóvenes están dispuestos a colaborar. Con internet restringido, vigilancia constante y reclutamiento obligatorio, muchos buscan en secreto cómo emigrar. Según datos de Google Trends, las búsquedas sobre "cómo salir de Rusia" han aumentado significativamente.
Crisis demográfica: el fantasma de un país envejecido
La respuesta del Estado ante esta crisis ha sido errática. Desde incentivos económicos para mujeres jóvenes hasta la prohibición de publicidad que promueva estilos de vida "child-free" o la "propaganda LGBTQ", ninguna medida ha logrado revertir la tendencia. Incluso el Ministerio de Salud ha recomendado derivar a psicólogos a mujeres que declaren no querer tener hijos. Paralelamente, el Kremlin ha intensificado su retórica antiinmigrante, implementando sistemas de vigilancia biométrica y restricciones a trabajadores extranjeros, lo que ha reducido aún más la población no nativa en el país.
Rosstat, la agencia de estadísticas rusa, ha dejado de publicar datos demográficos mensuales, posiblemente para ocultar la magnitud del problema. Mientras tanto, gobernadores y funcionarios compiten por proponer soluciones innovadoras, aunque la mayoría resultan insuficientes. En este contexto, adolescentes como Darina representan tanto una esperanza como un síntoma de una nación al borde del abismo demográfico.