En el campus de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU.), entre el bullicio de estudiantes y el imponente edificio de 17 plantas de Física, Matemáticas y Astronomía, hay algo que pasa desapercibido para la mayoría: Texas Petawatt, uno de los láseres más potentes del planeta.

Lo que muchos no saben es que este coloso tecnológico no está en la superficie, sino dos plantas bajo tierra, tras unas pesadas puertas dobles con un logo que pocos reconocen. Allí, en un espacio blindado, se gestan experimentos que, en una fracción de segundo, generan una potencia superior a la de toda la red eléctrica estadounidense.

El corazón del láser más potente de EE.UU.

Entre 2020 y 2024, fui la científica principal del proyecto Texas Petawatt (TPW). Este centro de investigación, actualmente cerrado por recortes presupuestarios, era un referente nacional. Científicos de todo el país solicitaban acceso para utilizar su equipamiento avanzado, formando parte de LaserNetUS, una red de laboratorios de láser de alta potencia respaldada por el Departamento de Energía de EE.UU.

¿Cómo funciona un láser de esta magnitud?

El proceso es casi mágico: un pulso de luz diminuto se estira para evitar dañar los componentes ópticos, se amplifica hasta alcanzar una potencia inimaginable y, en una billonésima de segundo, se comprime de nuevo para crear una miniestrella en una cámara de vacío.

«En ese instante efímero, el láser genera una energía equivalente a la de toda la red eléctrica de Estados Unidos», explica un investigador del centro.

Un futuro incierto por falta de fondos

Aunque Texas Petawatt fue un pilar de la investigación científica, su cierre en 2024 deja un vacío en la comunidad académica. La falta de financiación ha truncado proyectos que podrían revolucionar áreas como la física de partículas, la energía de fusión o incluso la medicina.

«Sin estos recursos, perdemos la oportunidad de avanzar en tecnologías que podrían cambiar el mundo», advierte un físico que trabajó en el laboratorio.

¿Qué se investigaba en Texas Petawatt?

  • Física de plasmas: Para entender mejor las condiciones extremas de estrellas y planetas.
  • Energía de fusión: Avances hacia reactores más eficientes y limpios.
  • Medicina: Desarrollo de técnicas de radioterapia más precisas y menos invasivas.
  • Materiales avanzados: Creación de nuevos compuestos con propiedades únicas.

Aunque el laboratorio ya no opera, su legado sigue vivo en los descubrimientos que inspiró. Para muchos científicos, Texas Petawatt no era solo una máquina, sino una ventana al futuro de la ciencia.