Un concesionario de Toyota en Nueva Jersey protagonizó una de las operaciones de compraventa de vehículos más insólitas de los últimos tiempos. Según un vídeo viral publicado en redes sociales por el director de ventas que gestionó la transacción, un cliente acudió al establecimiento con un Cadillac Escalade de 2023 que mostraba 510.263 km en el cuentakilómetros y solicitó cambiarlo por un nuevo Toyota Sequoia.
Si el vehículo tenía exactamente cuatro años, como parecía indicar su matrícula, el cálculo es demoledor: el Escalade habría recorrido una media de 349 km diarios durante toda su vida útil. Una cifra que, por sí sola, ya genera desconfianza.
El vendedor aseguró que, aparte de un cambio de transmisión, el vehículo se encontraba en buen estado. Sin embargo, la operación se volvió aún más sospechosa cuando el negociador, que permaneció dentro del coche durante todo el proceso según las imágenes, ofreció pagar solo 2.000 dólares en efectivo por el nuevo Toyota y manifestó su intención de exportar el Escalade.
«Nuestro jefe está en el coche y todo es en efectivo», declaró el negociador en un momento del vídeo. Además, llegó a preguntar por la posibilidad de adquirir un segundo Sequoia y un Land Cruiser, según se escucha en la grabación.
Tras cerrar el trato, el comprador agradeció al vendedor con un «Ahora eres parte de la familia» y le invitó a viajar a Panamá, donde, según sus palabras, «conozco a gente que puede conseguirte lo que quieras».
El concesionario Sansone Toyota fue contactado por The Drive para obtener más detalles, pero el empleado entrevistado se negó a hacer declaraciones, alegando confidencialidad: «Lo siento, no puedo compartir información personal sobre este caso».
¿Operación legal o trama sospechosa?
La viralización del vídeo en plataformas como Instagram generó un intenso debate entre los usuarios. Muchos comentaron que la operación tenía «pinta de narcotráfico», aunque un usuario afirmó conocer al comprador y asegurar que su fortuna provenía de la construcción, lo que, irónicamente, reforzó aún más las sospechas.
El vendedor respondió a los comentarios con frases como «Habéis visto demasiadas películas», sugiriendo que se trataba de una exageración. Sin embargo, incluso si la transacción fuera legal, los indicios de irregularidad son evidentes: kilometraje inverosímil, pago en efectivo sin justificación y un comprador que parece más interesado en la exportación que en el propio vehículo.
«A veces, una situación es tan estereotipada que no queda más remedio que sacar conclusiones».
Aunque el desenlace de esta historia sigue siendo un misterio, el caso deja claro que, en el mundo de los coches de segunda mano, conviene mirar más allá del brillo del parachoques.