En el corazón del barrio de False Creek Flats, en Vancouver (Canadá), los visitantes que se dirigen al centro de la ciudad se encuentran con una estructura única: el Hive. Se trata de un edificio de oficinas de 10 plantas, construido íntegramente en madera y con una fachada que recuerda a un gigantesco panal. Sin embargo, su mayor innovación no es solo su diseño, sino el sistema que esconde bajo su exterior entrelazado: una tecnología antisísmica que permite al edificio moverse, balancearse y asentarse sin sufrir daños durante un terremoto.

Diseñado por el estudio de arquitectura Dialog, con sede en Toronto, el Hive es el edificio de madera de mayor altura en América del Norte capaz de resistir fuerzas sísmicas. Además de su resistencia, este rascacielos destaca por su sostenibilidad: al sustituir el acero y el hormigón por madera maciza, evita la emisión de 4.403 toneladas de CO₂ al año, lo que equivale a retirar 1.300 coches de la circulación durante un año completo.

La madera como alternativa sostenible y resistente

Según Martin Nielsen, socio de Dialog, la madera maciza no solo es más respetuosa con el medio ambiente, sino también más resiliente ante movimientos sísmicos que el acero o el hormigón. A pesar de estas ventajas, los edificios de gran altura construidos con madera siguen siendo una rareza en el panorama arquitectónico actual.

Hasta hace poco, la madera era el material predominante en la construcción, pero la producción masiva de acero y hormigón a partir del siglo XX relegó su uso a estructuras más pequeñas. Sin embargo, en los últimos años, ciudades como Nueva York, Milwaukee y Vancouver han recuperado el interés por la madera maciza como alternativa para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. En Estados Unidos, ya hay alrededor de 2.700 edificios de madera maciza construidos o en fase de construcción, más del doble que en 2022.

Un sistema inspirado en las placas tectónicas

El concepto del Hive surgió hace una década, cuando una empresa de agricultura ecológica buscaba construir su nueva sede. Aunque finalmente el proyecto no se materializó con ese cliente —el edificio terminará albergando oficinas de la Insurance Company of British Columbia—, el objetivo inicial se mantuvo: crear un edificio sostenible en madera que sirviera de ejemplo para futuros proyectos de este tipo en Canadá.

Aunque existen otros edificios de madera de gran altura, como el Ascent MKE en Milwaukee (25 plantas), la torre Mjøstårnet en Noruega (18 plantas) o el Brock Commons Tallwood House en la Universidad de British Columbia (18 plantas), siguen siendo excepciones. Nielsen explica que los códigos de construcción y las políticas actuales están diseñados en torno al acero y el hormigón desde la Revolución Industrial. Dos factores clave han frenado el uso de la madera a gran escala: su mayor coste inicial y los riesgos asociados a incendios, que han quedado grabados en las normativas.

Incluso cuando un promotor logra superar los obstáculos burocráticos para construir con madera maciza, se enfrenta a primas de seguro más elevadas. En el caso del Hive, ubicado en una zona con estrictos requisitos antisísmicos, Dialog tuvo que diseñar una estructura de madera ultra-resistente capaz de soportar movimientos telúricos sin comprometer su integridad.

El futuro de la construcción en madera

El Hive no solo representa un avance en ingeniería antisísmica, sino también un paso hacia un modelo constructivo más sostenible. A medida que las ciudades buscan reducir su huella de carbono, la madera maciza se posiciona como una alternativa viable, siempre que se superen los desafíos normativos y económicos que aún frenan su adopción masiva.

Para Nielsen, el éxito de proyectos como este demuestra que la innovación en materiales no solo es posible, sino necesaria. «El hormigón es el peor», afirma, destacando que, aunque su uso está muy extendido, sus altos costes ambientales y su vulnerabilidad ante terremotos lo convierten en una opción cada vez menos sostenible.