La guerra contra las drogas podría estar llegando a su fin, pero no con un estruendo ni con un suspiro, sino con una orden ejecutiva firmada por Donald Trump, un presidente que, irónicamente, nunca ha sido asociado con el consumo de sustancias psicodélicas. Ni siquiera los presidentes más reservados de la historia, como Millard Fillmore o Calvin Coolidge, le hacen sombra en este aspecto.
En las últimas semanas, Trump ha protagonizado conflictos con figuras como el Papa o el ayatolá de Irán. En 2023, incluso publicó un vídeo animado en el que aparecía en un avión de combate lanzando heces sobre manifestantes que portaban carteles con el lema 'No Kings'. Si hay un estadounidense mayor de 30 años que nunca haya escuchado Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de principio a fin, ese es Trump.
Sin embargo, el pasado sábado, el presidente se reunió con un grupo de personajes poco convencionales: Joe Rogan, un presentador de podcast conocido por fumar cannabis en directo; Bryan Hubbard, un defensor de la ibogaína; y Robert F. Kennedy Jr., miembro del gabinete que ha admitido públicamente haber consumido cocaína en el pasado. Juntos, firmaron la orden ejecutiva 'Acercar tratamientos médicos para enfermedades mentales graves', un documento que acelera la investigación y aprobación de sustancias psicodélicas con potencial terapéutico.
La orden prioriza el estudio de compuestos como la ibogaína —apodada 'el Everest de los psicodélicos' por su intensidad y su capacidad para revertir daños cerebrales—, así como otros fármacos que hayan demostrado eficacia en ensayos clínicos para tratar trastornos mentales resistentes a terapias convencionales. Trump, que solo ingiere sustancias como la Coca-Cola Light, ahora lidera un movimiento para normalizar el uso de psicodélicos en medicina.
La escena del acto de firma refleja cómo la reforma de las políticas de drogas surge de una combinación entre el debate cultural y el trabajo político de base. Rogan, cuya influencia en redes sociales es enorme, ha utilizado su podcast durante años para promocionar terapias alternativas, incluyendo el uso de psicodélicos. Sin su plataforma, esta orden ejecutiva probablemente no habría visto la luz.
En una entrevista con Reason en 2023, RFK Jr., quien se postuló para la presidencia, declaró que 'definitivamente despenalizaría los psicodélicos' si ganaba las elecciones. Su postura se basa en el potencial de estas sustancias para tratar adicciones y problemas de salud mental, así como en la necesidad de reducir la intensidad de la guerra contra las drogas.
La decisión de Trump, aunque sorprendente, no es aislada. Cada vez más figuras públicas y científicas abogan por explorar el uso terapéutico de sustancias como la psilocibina, el MDMA o la DMT. El cambio de paradigma está en marcha, y podría redefinir el tratamiento de enfermedades mentales en Estados Unidos.