El pasado viernes, los 22 miembros del Consejo Nacional de Ciencia (NSB, por sus siglas en inglés) recibieron un correo electrónico de dos líneas en el que se les comunicaba su cese inmediato. El mensaje, firmado en nombre del presidente Donald J. Trump, no incluía justificación alguna.

El NSB es un órgano asesor independiente que asesora al presidente y al Congreso sobre políticas científicas y de ingeniería. Además, supervisa la Fundación Nacional de Ciencia (NSF), una de las principales agencias de financiación de la investigación en Estados Unidos. Su labor incluye la emisión de informes periódicos sobre el estado de la ciencia y la tecnología en el país.

La decisión de destituir a todos sus miembros sin explicación ha generado preocupación en la comunidad científica. Expertos y académicos advierten que este movimiento debilita aún más el apoyo institucional a la ciencia en un momento crítico para la innovación y la competitividad global.

El NSB, creado en 1950, ha sido históricamente un pilar en la promoción de la investigación básica y aplicada. Su desaparición temporal deja un vacío en la gobernanza de la NSF, que podría afectar a proyectos en curso y a futuras convocatorias de financiación.

Hasta el momento, la Casa Blanca no ha emitido ningún comunicado oficial que explique los motivos de esta decisión. Mientras tanto, los miembros cesados han expresado su desconcierto y han instado a una mayor transparencia por parte del gobierno.