En las afueras de Galatia, un pequeño pueblo de Illinois donde la pobreza y el abandono parecen haberse instalado, una enorme impresora 3D del tamaño de un garaje sigue abandonada bajo el sol y la lluvia. Lo que en agosto de 2024 fue motivo de celebración —con políticos posando junto a la máquina y prometiendo una revolución en la construcción de viviendas— hoy es un símbolo de promesas incumplidas.
La máquina, que costó 1,1 millones de dólares, llegó a Illinois con la promesa de impulsar una renovación de la vivienda asequible en la región conocida como Pequeña Egipto. Su objetivo era construir casas rápidas, modernas y económicas para una comunidad que las necesitaba desesperadamente. Sin embargo, un año después, solo se completó el esqueleto de un duplex de una sola unidad, abandonado antes de que se terminaran los interiores.
Las paredes ya presentaban grietas cuando la empresa Prestige, encargada del proyecto, detuvo los trabajos. Según explicó Ryan Moore, entonces empleado de la compañía, esperaron un año a que el proveedor de la impresora les proporcionara un plan de reparación. Al no recibirlo, intentaron solucionarlo con cemento hidráulico, pero fue demasiado tarde. El proyecto quedó en nada.
Hoy, la impresora yace desmontada en un taller de reparación rural en Galatia, un lugar al que solo llegan quienes ya conocen su existencia. Su abandono plantea preguntas incómodas: ¿Cómo una tecnología tan cara y promocionada como solución para el déficit de vivienda rural terminó en el olvido? ¿Qué dice este fracaso sobre las promesas políticas en zonas necesitadas? Y, sobre todo, ¿por qué una iniciativa que pretendía ser un nuevo comienzo terminó como un recordatorio de la desatención a estas comunidades?
El proyecto, que en su día reunió a más de cien personas en una ceremonia de inauguración, incluía a políticos estatales y locales que, entre fotos y discursos, aseguraban que esta era la solución para Cairo, Illinois. Sin embargo, la realidad es que la máquina —ahora oxidada y en desuso— nunca cumplió su promesa. Y Galatia sigue esperando.