Durante una reciente comparecencia en el Capitolio, la representante Adelita Grijalva (demócrata por Arizona) sacó a relucir una acusación insólita contra el secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr.: en 2001, habría recolectado el pene de un mapache atropellado para estudiarlo.

La polémica surge del libro "RFK Jr.: The Fall and Rise", de la periodista Isabel Vincent, que cita un diario personal de Kennedy. Según el texto, el entonces activista escribió:

"Estaba frente a mi coche en la I-684 cortando el pene de un mapache atropellado, pensando en lo raros que se han vuelto algunos miembros de mi familia".

Vincent asegura que Kennedy extrajo el órgano para analizarlo más tarde, aunque el político no ha respondido públicamente a estas acusaciones. Durante la sesión, Kennedy evitó el tema y se centró en otros asuntos, como el presupuesto de los Institutos Nacionales de Salud y la diversidad, equidad e inclusión (DEI).

Aunque el episodio ha sido tratado como una anécdota sensacionalista, trasciende lo anecdótico: ¿cumplen sus acciones con los estándares básicos de ética biomédica?

La bioética exige respeto por los seres vivos, incluso en su forma más degradada, y cuestiona si el fin justifica los medios. En este caso, la recolección de un tejido animal sin un propósito científico claro —y en un contexto personal— plantea dudas sobre su rigor y profesionalidad.

Más allá del escándalo, el incidente refleja tensiones más profundas en la figura de Kennedy, conocido por sus posturas controvertidas en salud pública. Mientras algunos lo ven como una excentricidad inofensiva, otros exigen transparencia sobre su conducta pasada y presente.

Fuente: STAT News