Los diners de Nueva Jersey, con sus característicos reservados rojos, tazas de café de cerámica blanca y menús disponibles las 24 horas, son un símbolo de la cultura estadounidense. Aunque estos establecimientos se extienden por todo el país, ningún estado está tan asociado a ellos como Nueva Jersey, que se autoproclama como la "capital mundial de los diners".
Sin embargo, su futuro pende de un hilo. Según Amanda Stone, vicepresidenta de Asuntos Públicos de la Asociación de Restaurantes y Hospitalidad de Nueva Jersey, alrededor de 100 diners han cerrado en la última década. Las causas son múltiples: el impacto prolongado de la pandemia, el aumento de los precios de los alimentos por las tarifas y la inflación, y los cambios en los hábitos de consumo de los clientes.
Ante este escenario, el estado ha decidido intervenir con una propuesta controvertida. Los legisladores demócratas han presentado el proyecto de ley SODA POP Act, que incluye beneficios fiscales para los diners que cumplan ciertos requisitos. Entre ellos, una deducción fiscal de hasta 25.000 dólares y la exención del pago del impuesto estatal sobre las ventas (aproximadamente un 7%) en alimentos preparados. Pero no cualquier establecimiento puede acceder a estas ventajas.
Para ser elegible, el diner debe ser de propiedad familiar y haber estado en funcionamiento continuo durante al menos 25 años. Además, la ley define con precisión qué se considera un "diner": un establecimiento donde los clientes se sientan en reservados, barras o mesas, y que ofrezca "una amplia variedad de opciones en el menú, incluyendo, entre otros, hamburguesas, ensaladas, sándwiches, sopas, platos de desayuno, entradas, pasteles, tartas y bebidas". Sin embargo, no se incluirían cafés, delicatessen, tabernas, bares, tiendas de sándwiches u otros tipos de establecimientos de comida.
Según estimaciones, unos 500 diners en Nueva Jersey cumplirían estos requisitos y podrían beneficiarse de la medida. Aunque los amantes de estos locales —y el autor de este artículo se incluye en este grupo— tienen motivos para apoyar su preservación, el SODA POP Act no es la solución adecuada.
¿Por qué la ley es injusta?
En primer lugar, la norma excluye a diners familiares que lleven menos de 25 años en funcionamiento, aunque sean un referente local. Además, otorga un trato preferente a los diners frente a otros establecimientos emblemáticos de Nueva Jersey, como las panaderías de bagels o las pizzerías de barrio. Pero, sobre todo, el proyecto de ley representa una mala política fiscal, ya que prioriza exenciones específicas en lugar de abordar reformas estructurales en el sistema tributario de Nueva Jersey.
El estado tiene graves problemas en este ámbito. Según el Tax Foundation, en su Índice de Competitividad Fiscal Estatal de 2026, Nueva Jersey ocupa el puesto 49 de 50. Además, cuenta con la tasa corporativa más alta del país, la tercera más elevada en impuestos sobre la propiedad y algunas de las cargas fiscales individuales más altas de Estados Unidos. Estos factores han contribuido a que, en el informe de WalletHub de 2026, Nueva Jersey fuera clasificado como el quinto peor estado para pequeñas empresas en el país.
En resumen, mientras los diners de Nueva Jersey luchan por sobrevivir, la solución propuesta por el estado parece insuficiente y discriminatoria. Los verdaderos problemas del sector —como la competencia de las cadenas de comida rápida, los altos costes operativos y la necesidad de modernización— requieren un enfoque más amplio y equitativo.