Adam Scott creció viendo películas de terror a una edad que él mismo califica como «demasiado temprana». Sin embargo, nunca aspiró a convertirse en un actor especializado en el género. A pesar de ello, el terror parecía perseguirlo desde el principio de su carrera.

Su primer papel relevante en el cine llegó en 1996 con «Hellraiser IV: Bloodline». «No fue porque fuera fan de Hellraiser», aclaró en una entrevista. «Fue porque era el trabajo que conseguí».

Más tarde, protagonizó «Krampus» (2015), una película que, aunque pertenece al género de terror, eligió por su conexión con las cintas de los años 80 que marcó su infancia, como Poltergeist o E.T. «No fue intencional, pero poco a poco he construido una trayectoria sólida en el terror», admitió.

Desde entonces, Scott ha participado en varias producciones del género, consolidándose como un rostro recurrente en el cine de miedo moderno. Aunque comenzó su carrera en comedias y dramas, el azar y su versatilidad lo han llevado a convertirse en un actor asociado, en parte, al terror.

Fuente: The Verge