Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano a la Tierra, se encuentra a más de cuatro años luz de distancia, una distancia que, con la tecnología actual de propulsión, requeriría cientos o miles de años para cubrirse. Sin embargo, un equipo de científicos de la Universidad de Texas A&M ha propuesto una solución revolucionaria: utilizar láseres para impulsar naves espaciales a velocidades sin precedentes, reduciendo el viaje a solo 20 años.

En un estudio publicado en la revista Newton, los investigadores detallan el desarrollo de unos dispositivos microscópicos denominados ‘metajets’, más pequeños que un cabello humano. Estos dispositivos, equipados con metasuperficies —patrones intrincados que alteran el comportamiento de la luz—, pueden ser manipulados en las tres dimensiones mediante la aplicación de un láser. Según los autores, este avance representa un primer hito mundial en el campo de la propulsión óptica.

El profesor adjunto de Texas A&M y autor principal del estudio, Shoufeng Lan, comparó el efecto con pelotas de ping-pong rebotando en una superficie: “Cuando la luz se refleja en un objeto, transfiere momento. Aunque la fuerza ejercida por la luz es mínima, en el vacío del espacio, incluso un pequeño efecto acumulativo puede ser significativo”.

Este concepto no es del todo nuevo. Experimentos previos con velas solares han demostrado que la radiación solar puede impulsar naves espaciales especializadas. Recientemente, científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA) también exploraron el uso de láseres para dirigir velas solares y ajustar la posición de satélites mediante aerogeles de grafeno, materiales ultraligeros y porosos.

La investigación actual lleva la propulsión por luz un paso más allá, al lograr una maniobrabilidad tridimensional completa. “Cuando estos dispositivos libres se iluminan con un haz incidente normal, se desplazan lateralmente y se elevan verticalmente, permitiendo un movimiento en 3D no accesible con métodos convencionales de manipulación óptica”, explican los autores en su artículo.

Además, destacan que la tecnología podría escalarse más allá de la demostración microscópica actual. “La fuerza ejercida depende de la potencia de la luz, no del tamaño del dispositivo”, señalan. Esto significa que, con suficiente energía óptica, podrían impulsarse estructuras mucho mayores, desde microrrobots hasta velas de luz interestelares para viajes espaciales.

No obstante, aún quedan desafíos por resolver. Los experimentos se realizaron en un entorno fluido para contrarrestar los efectos de la gravedad, pero los investigadores buscan validar el concepto en condiciones de microgravedad real. “El siguiente paso es demostrar que este principio funciona en el espacio”, afirma Lan.

¿Podría esta tecnología hacer realidad los viajes interestelares? Aunque el avance es prometedor, su aplicación práctica aún está en fase experimental. Sin embargo, abre un horizonte de posibilidades para explorar sistemas estelares lejanos en escalas de tiempo humanas.

Fuente: Futurism