En los últimos meses, un fenómeno tecnológico está ganando terreno entre los profesionales del sector: hablarle a los dispositivos en lugar de escribir. Según un reciente informe del Wall Street Journal, cada vez más personas recurren a herramientas de dictado con inteligencia artificial para comunicarse con sus ordenadores, una tendencia que, aunque práctica, está generando situaciones incómodas y debates sobre la etiqueta digital.

¿Una revolución laboral o una falta de modales?

Mientras que las herramientas de dictado son sin duda útiles, especialmente para personas con dificultades de accesibilidad, también reflejan cómo la tecnología está erosionando normas sociales básicas. ¿Es aceptable hablar en voz alta a un dispositivo en un espacio público? ¿O grabar a desconocidos sin su consentimiento para luego subirlo a internet? La IA está en el centro de este debate.

Casos reales: de lo doméstico a lo profesional

Uno de los ejemplos más llamativos es el de Mollie Amkraut Mueller, fundadora de una startup de IA, cuya pareja se alarmó al descubrir que hablaba en susurros a su portátil por las noches. Lo que antes era tiempo de silencio tras acostar a su hijo, se convirtió en sesiones de dictado con herramientas como Wispr Flow y Claude Code. En lugar de volver a escribir, la pareja optó por trabajar en espacios separados: «Si necesitamos hacer algo por la noche, uno de los dos se queda en la oficina», explicó al WSJ.

Amkraut Mueller no es la única. En el sector tecnológico, esta práctica se ha convertido en una moda entre profesionales adictos a las tendencias de IA. En empresas como Ramp, ingenieros usan auriculares de gaming en sus escritorios para hablar con asistentes de IA. Edward Kim, cofundador de la empresa de recursos humanos Gusto, incluso animó a sus empleados a probar herramientas de dictado, asegurando que «la oficina del futuro sonará más como un espacio de ventas».

«Ahora hablo constantemente con mi ordenador», declaró Kim al WSJ. Sin embargo, reconoce que, aunque en casa se siente como «Tony Stark hablando con JARVIS», en la oficina puede resultar incómodo.

El auge de Wispr y sus desafíos

La empresa detrás de Wispr Flow, valorada en unos 700 millones de dólares, ofrece consejos para un «dictado discreto» en entornos como oficinas abiertas, cafeterías e incluso trenes abarrotados. Su fundador, Tanay Kothari, asegura que los empleados de la compañía «andan por la oficina hablando con sus ordenadores sin necesidad de estar sentados frente a un escritorio».

Pero no todo son ventajas. En espacios públicos, esta práctica puede percibirse como grosera o incluso preocupante. Mientras algunos lo ven como una evolución natural del trabajo, otros lo consideran una falta de consideración hacia los demás.

¿Hacia dónde nos lleva esta tendencia? Mientras la tecnología avanza, la sociedad debe replantearse cómo integrar estas innovaciones sin perder de vista el respeto y la convivencia.

Fuente: Futurism