Un paso histórico desde las playas de Santa Marta

Desde las playas de arena gris de Santa Marta, en la costa caribeña de Colombia, es fácil observar los efectos del comercio de combustibles fósiles del país. Los petroleros anclan en el horizonte, y en ocasiones, los locales encuentran trozos de carbón arrastrados por el mar, desprendidos de los cargueros que transportan el mineral desde las minas cercanas.

Fue en este escenario donde, el pasado miércoles por la tarde, el gobierno colombiano dio un paso audaz: impulsar la transición de su economía —y la del resto del mundo— hacia un modelo energético limpio, dejando atrás el carbón, el gas y el petróleo. Con la celebración de la primera conferencia internacional sobre "transición energética", Colombia se unió a casi 60 países comprometidos con reducir la influencia de los Estados petroleros en el futuro global.

El nacimiento de una democracia climática global

Irene Vélez Torres, ministra de Ambiente de Colombia y presidenta de las negociaciones, cerró el evento con un mensaje contundente: "Esto marca el inicio de una nueva democracia climática global". El encuentro reunió a gobiernos ambiciosos, parlamentarios y sociedad civil para acelerar la descarbonización de las economías, promoviendo un método innovador de colaboración internacional.

Este momento histórico también podría definir una nueva división geopolítica: entre las "electro-democracias", que apuestan por energías renovables, y las "petro-dictaduras", dependientes de los combustibles fósiles.

La crisis energética que redefine el mundo

La iniciativa llega en un contexto crítico. Los precios del petróleo y el gas se han disparado tras los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán, el segundo evento de este tipo en cinco años. Esta crisis, sumada a la invasión rusa de Ucrania, recuerda a los gobiernos que su dependencia de los combustibles fósiles los hace rehenes de fuerzas geopolíticas incontrolables.

La economía global enfrenta un triple desafío: el aumento de los costes energéticos, el encarecimiento de los alimentos —derivado del primero— y el riesgo de una inflación descontrolada que elevará los tipos de interés y agravará la deuda de los países. Tanto naciones ricas como pobres sufren las consecuencias, pero los países más endeudados y con menores reservas son los más afectados.

Fatih Birol, economista energético y director de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), advierte que esta crisis supera con creces todas las anteriores. "Es más grande que todas las crisis combinadas. No entiendo cómo el mundo pudo ser tan ciego ante el hecho de que una economía global pueda ser rehén de un estrecho de 50 km", declaró en una entrevista exclusiva para The Guardian.

Renovables: la alternativa viable y urgente

A diferencia de las crisis del petróleo de los años 70, hoy existe una solución clara: las energías renovables. La energía eólica y solar, junto con tecnologías de almacenamiento modernas, ofrecen una alternativa barata, fiable y abundante. Los vehículos eléctricos y las bombas de calor permiten desplazar el transporte y la calefacción de los combustibles fósiles hacia una electricidad más eficiente.

La pregunta ya no es si el mundo puede prescindir de los combustibles fósiles, sino cuándo lo hará. La conferencia en Colombia podría ser el primer paso hacia esa transformación inevitable.