El debate entre los demócratas de Estados Unidos sobre si deben o no hablar del cambio climático sigue vivo. Aunque las encuestas muestran que una parte significativa de la población considera el tema importante, muchos votantes priorizan otros asuntos como la economía o el coste de vida a la hora de votar.
Un informe reciente del Instituto Searchlight, de tendencia centrista, advirtió a los líderes políticos que no centren su discurso en el clima, sino en temas más urgentes como la asequibilidad y la reducción de los precios de la energía. Según el documento, «aunque los votantes en estados clave reconocen que el cambio climático es un problema, no lo consideran una prioridad».
El senador demócrata por Arizona, Rubén Gallego, compartió esta visión. En una entrevista con Politico, afirmó que hablar del clima puede alejar a los votantes y que el objetivo debe ser ganar elecciones para luego impulsar políticas efectivas. «Es un tema cargado de connotaciones», declaró. «Si queremos reducir nuestra huella de carbono y frenar el cambio climático, primero debemos ganar. Centrarse en palabras en lugar de resultados es un camino seguro a la derrota».
¿Qué significa realmente «cambio climático» en política?
En términos generales, el cambio climático se refiere al aumento de las temperaturas globales debido a la acumulación de gases de efecto invernadero. Sin embargo, en el ámbito político estadounidense, el término se ha convertido en un comodín que abarca desde créditos fiscales para paneles solares hasta el Green New Deal, regulaciones de eficiencia energética o incluso la financiación federal para investigación científica.
Esta ambigüedad ha llevado a que muchos asesores recomienden a los demócratas evitar el término «clima» por considerarlo demasiado polarizante. No obstante, la realidad es que, en la última década, los demócratas han hablado poco del tema en sí. Incluso durante las primarias presidenciales de 2020, las propuestas climáticas se enfocaron más en promesas de creación de empleo, competencia con China y reducción de emisiones, que en el problema en sí.
La Ley de Empleo Estadounidense de Biden, que finalmente se convirtió en la Ley de Reducción de la Inflación —tras recortes impulsados por el senador Joe Manchin—, reflejó este enfoque más pragmático. La ley priorizó incentivos energéticos sobre políticas climáticas ambiciosas.
El clima como arma política
La estrategia de evitar el término «clima» tiene raíces históricas. En 2018, cuando los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes, el debate se centró en imponer un precio al carbono para reducir las emisiones de los mayores contaminantes. Sin embargo, estas iniciativas fracasaron debido a la fuerte oposición de grupos como los hermanos Koch, que convirtieron el tema en una cuestión partidista.
Como consecuencia, los demócratas dejaron de impulsar políticas climáticas en el Congreso durante casi una década. Cuando surgió el Green New Deal, algunos políticos progresistas lo apoyaron, pero otros lo vieron como un riesgo electoral. Hoy, el desafío sigue siendo encontrar un equilibrio: hablar del problema sin que suene a ideología, y proponer soluciones concretas que conecten con los votantes.