En los últimos años, ambos partidos políticos en Estados Unidos han registrado avances preocupantes en materia de antisemitismo. Sin embargo, un caso reciente en Michigan destaca por su gravedad y simbolismo. La nominación de un simpatizante de Hezbolá para un cargo público, en detrimento de un miembro judío perseguido por su defensa de la comunidad, refleja una tendencia peligrosa que trasciende el ámbito partidista.
Según el periodista Josh Kraushaar, de Jewish Insider, la convención estatal del Partido Demócrata de Michigan celebrada el pasado domingo tomó una decisión sin precedentes: nominar a Amir Makled para formar parte del Consejo de Regentes de la Universidad de Michigan. Makled es conocido por su apoyo público a Hezbolá, un grupo terrorista aliado de Irán y responsable de la muerte de cientos de estadounidenses.
En su lugar, los delegados demócratas decidieron no renovar el cargo de Jordan Acker, un miembro judío del consejo cuya casa y coche fueron vandalizados repetidamente con grafitis antisemitas. Además, su familia recibió amenazas por su postura firme contra el acoso a estudiantes judíos en el campus. Acker había impulsado medidas disciplinarias contra activistas antiisraelíes que agredieron a agentes de policía e intimidaron a estudiantes judíos, sin ceder a las demandas de desinversión en Israel que exigía un sector radical del alumnado.
Lo más llamativo es que el compañero de candidatura de Acker, Paul Brown, no judío y también defensor de sancionar a los estudiantes antiisraelíes, fue reelegido sin problemas. En cambio, Acker fue desplazado para dar paso a Makled, quien en redes sociales ha publicado mensajes en apoyo a los líderes de Hezbolá y ha compartido contenido antisemita del influencer Candace Owens.
Este episodio marca un nuevo mínimo en la historia del Partido Demócrata de Michigan. A ello se suma la reciente declaración de Abdul El-Sayed, candidato al Senado estatal, quien en una entrevista con CNN llegó a equiparar al gobierno israelí con Hamás, calificándolos a ambos como «igualmente malvados».
La decisión de los demócratas de Michigan no solo es un ataque directo a la comunidad judía, sino también una señal de la creciente influencia de posturas radicales dentro del partido. Un giro que debería alarmar a todos los defensores de los valores liberales y democráticos, más allá de las divisiones políticas.