Un enigma geológico en el corazón de Asia

Las montañas Hangay, en el centro de Mongolia, han sido durante décadas un misterio para los geólogos. Con una altitud de cuatro kilómetros sobre el nivel del mar, esta cadena montañosa en forma de domo no solo domina el paisaje, sino que también influye en el clima regional. Sin embargo, su origen no encajaba con los modelos tradicionales de formación de montañas.

«Estas montañas están a unos 5.000 kilómetros de cualquier límite de placa tectónica, a unos 5.000 kilómetros del margen del Pacífico», explicó Pengfei Li, geólogo del Instituto de Geoquímica de Guangzhou de la Academia China de Ciencias. «Es muy difícil entender por qué existe una cadena montañosa tan alejada de los límites de las placas».

La clave: un pliegue en la placa tectónica

Un reciente estudio liderado por Li ha desvelado el mecanismo que explica la formación de las Hangay. Según los investigadores, en el lugar donde surgieron estas montañas, un pliegue en forma de U en una placa tectónica provocó un engrosamiento anómalo de la litosfera. Con el tiempo, una sección de esta litosfera, excesivamente pesada, se desprendió y se hundió en el manto terrestre. Al liberarse de ese peso, la corteza experimentó un «rebote» ascendente, dando lugar a las montañas Hangay.

El papel del oroclino mongol

Las placas tectónicas no son rígidas: pueden curvarse y doblarse como un mantel arrugado. Estos pliegues, conocidos como oroclinos, son comunes en todo el mundo. El oroclino mongol, con una longitud de 6.000 kilómetros, es uno de los más extensos, y las montañas Hangay se sitúan justo en la parte más curvada de su forma de U.

Durante varias expediciones de campo entre 2018 y 2026, el equipo de Li recolectó muestras de roca en las Hangay que presentaban signos de actividad volcánica antigua. El análisis de uranio-plomo en cristales de circón reveló que la zona experimentó erupciones volcánicas durante el Cretácico inferior (hace entre 124 y 114 millones de años).

«Cuando vi la edad de las rocas, me sorprendí», declaró Li. «Hace 120 millones de años nadie había documentado actividad volcánica en Mongolia durante este período. Es el primer hallazgo de vulcanismo para esta época».

Rocas que revelan un pasado profundo

Los investigadores analizaron los elementos químicos de las muestras para determinar la profundidad a la que se formaron las rocas. Los resultados mostraron que estas se originaron en la litosfera, a unos 80 kilómetros bajo la superficie. Un dato sorprendente, ya que hoy la litosfera en la zona tiene solo 70 kilómetros de grosor.

Según la hipótesis del equipo, cuando la placa continental se dobló para formar el oroclino mongol hace 200 millones de años, la litosfera se acumuló y engrosó en la curva de la U. Esta raíz litosférica, de al menos 80 kilómetros de espesor, se volvió inestable con el tiempo. Demasiado pesada para permanecer unida a la corteza superior, una sección se desprendió y se hundió en el manto profundo, donde se fundió parcialmente.

Los hallazgos, publicados en la revista Geology en abril, ofrecen una nueva perspectiva sobre cómo las fuerzas internas de la Tierra pueden dar forma a los paisajes a lo largo de millones de años.