En la madrugada del 10 de agosto de 2025, un deslizamiento masivo de tierra en el fiordo Tracy Arm, al sureste de Alaska, provocó un tsunami de proporciones históricas. Las olas alcanzaron los 481 metros de altura en la orilla opuesta del fiordo, una magnitud solo superada por las 14 estructuras más altas del mundo. El fenómeno, registrado en sismógrafos de todo el planeta, dejó aguas turbulentas durante días debido a una ola estacionaria conocida como seiche.

Ningún ser humano resultó afectado por el derrumbe o el tsunami, pero el incidente pudo haber sido catastrófico. Los cruceros tenían previsto visitar el fiordo esa misma mañana. Si el colapso hubiera ocurrido unas horas más tarde, el balance podría haber sido muy distinto.

El glaciar que sostenía la montaña

Un estudio publicado en la revista Science revela que la causa principal del deslizamiento fue el retroceso acelerado del glaciar South Sawyer, vinculado directamente al cambio climático. Según el geólogo Daniel Shugar, de la Universidad de Calgary y autor principal del estudio, el glaciar actuaba como un soporte natural de las laderas del fiordo, similares a los contrafuertes de una catedral.

«Cuando el glaciar se retiró en las últimas décadas, dejó al descubierto un punto crítico que terminó cediendo. Es como si un niño limpiara su habitación, pero en realidad solo amontonó todo en el armario. Al abrir la puerta, todo se viene abajo».

El glaciar, que durante siglos talló el fiordo, ahora se ha retirado más allá del punto que sostenía las paredes rocosas. Sin este «soporte», las laderas quedaron expuestas a factores como la lluvia, que pudo debilitar aún más la estructura, o pequeños movimientos sísmicos imperceptibles.

Un aviso del cambio climático

Leigh Stearns, glacióloga de la Universidad de Pensilvania y experta en el tema, pero no vinculada al estudio, advierte sobre la sensibilidad de las laderas empinadas ante los efectos del calentamiento global. «Sabemos que las pendientes pronunciadas son muy sensibles a fenómenos exacerbados por el cambio climático, como la pérdida de permafrost, el retroceso de los glaciares o el aumento de agua en el suelo», explica.

Stearns señala que, aunque el retroceso glaciar suele percibirse como un proceso gradual, puede desencadenar eventos catastróficos de forma repentina. «El caso del fiordo Tracy Arm es un ejemplo claro de cómo un cambio aparentemente lento puede tener consecuencias inmediatas y devastadoras».

Consecuencias y lecciones

El evento, el segundo tsunami más grande registrado sin relación con terremotos, subraya la urgencia de estudiar los riesgos geológicos derivados del cambio climático. Aunque en esta ocasión no hubo víctimas, el incidente sirve como advertencia sobre los peligros ocultos en regiones glaciares en proceso de transformación.

Los expertos coinciden en que fenómenos como este podrían volverse más frecuentes a medida que el planeta siga calentándose, obligando a repensar las estrategias de prevención y adaptación en zonas vulnerables.