En enero de este año, agentes del FBI irrumpieron en un almacén del condado de Fulton, Georgia, para requisar cientos de cajas con documentos de las elecciones de 2020. Para Dana Barrett, comisionada del condado, la escena no parecía un operativo criminal, sino un espectáculo político.

Han pasado más de cinco años desde aquellos comicios. Los resultados ya fueron verificados en múltiples ocasiones: los votos se contaron, recuentaron y volvieron a contar. Sin embargo, la mentira de que la elección fue robada sigue viva.

El movimiento 'Stop the Steal' ha ganado fuerza y ahora sus seguidores ocupan puestos clave en el sistema electoral. En Georgia, un estado decisivo en las elecciones presidenciales, el Consejo Estatal de Elecciones —antes un órgano poco relevante— ha sido tomado por activistas que promueven teorías sin fundamento. Uno de ellos, un abogado que pasó de ejercer en un pequeño bufete a convertirse en asesor de la Casa Blanca para supervisar la integridad electoral, fue sancionado por un tribunal por difundir afirmaciones falsas y categóricas sobre el voto.

Mientras tanto, ciudadanos comunes, convencidos de que el sistema está corrupto, intentan reformarlo... aunque sus acciones podrían desestabilizarlo aún más.

El legado de 'Stop the Steal' y su impacto en 2026

Esta semana, en el programa Reveal de Mother Jones, la periodista Abby Vesoulis y Najib Aminy, de Reveal, analizan cómo la sombra de la desconfianza en las elecciones de 2020 se ha convertido en un arma política. Su investigación explora las consecuencias de estas narrativas para las elecciones de mitad de mandato de 2026 y el futuro de la democracia estadounidense.

¿Cómo se ha infiltrado el movimiento en las instituciones?

El ascenso de figuras vinculadas a 'Stop the Steal' en cargos públicos refleja una estrategia de largo plazo. En Georgia, por ejemplo, el Consejo Estatal de Elecciones —encargado de supervisar los comicios— ha sido reconfigurado para incluir a personas que promueven teorías conspirativas sobre fraude electoral. Estas decisiones no solo cuestionan la legitimidad de los resultados pasados, sino que también preparan el terreno para futuras disputas.

El caso del abogado sancionado por la justicia

Uno de los ejemplos más destacados es el de un abogado que, tras años de litigar casos electorales marginales, saltó a la fama nacional como defensor de la teoría del fraude. Su nombramiento en la Casa Blanca para supervisar la integridad del voto —a pesar de haber sido sancionado por un tribunal por difundir información falsa— subraya la paradoja de un sistema que, en teoría, debería protegerse de tales influencias.

«La desconfianza en las elecciones no es un fenómeno aislado; es una estrategia deliberada para erosionar la fe en las instituciones democráticas», señala Vesoulis en su investigación.

El riesgo de un sistema en jaque

Mientras los seguidores de 'Stop the Steal' presionan para cambiar las reglas electorales, expertos advierten sobre los peligros de alterar procesos que, hasta ahora, han funcionado. Las demandas de auditorías interminables, la eliminación de máquinas de votación y otros cambios propuestos podrían, en la práctica, socavar la confianza en el sistema que pretenden proteger.

Con las elecciones de 2026 a la vuelta de la esquina, el debate sobre la integridad del voto se intensifica. ¿Logrará el movimiento mantener su influencia? ¿O el sistema encontrará la manera de resistir a quienes buscan deslegitimarlo?