Los bares deportivos en Estados Unidos, esos templos del deporte donde los hombres gritan frente a pantallas gigantes mientras beben cerveza, están en plena transformación. Ya no son solo un lugar para ver partidos de béisbol o fútbol americano, sino espacios que intentan adaptarse a los nuevos tiempos, incorporando apuestas legales y eventos inclusivos para no quedarse atrás.
Si cierras los ojos e imaginas un bar deportivo clásico, probablemente veas paredes llenas de televisores con partidos de béisbol o fútbol, grupos de hombres discutiendo acaloradamente, botellas de cerveza sudorosas, carteles de neón y dardos. El ambiente suele ir acompañado de música rock de los 80 y el murmullo constante de conversaciones entre los clientes.
Sin embargo, este modelo tradicional está siendo desafiado. Las apuestas deportivas legales, impulsadas por la derogación de la Ley PASPA en 2018, han cambiado las reglas del juego. Ahora, muchos bares incorporan pantallas de apuestas en vivo, kioscos de apuestas móviles e incluso promociones para atraer a los apostadores. Según la American Gaming Association, más de 30 estados ya permiten algún tipo de apuestas deportivas, y los bares se han convertido en uno de los principales lugares para realizarlas.
Pero no solo las apuestas están redefiniendo el concepto de bar deportivo. El auge del fútbol femenino, especialmente tras el éxito de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2023, ha llevado a muchos establecimientos a incluir partidos de la Liga Femenina de Fútbol (NWSL) en sus pantallas. Esto no solo atrae a un público más diverso, sino que también responde a una demanda creciente de espacios inclusivos.
Algunos bares están yendo más allá y organizando eventos temáticos. Por ejemplo, el bar deportivo The Sports Grill en Portland, Oregón, ha empezado a ofrecer noches de fútbol femenino con descuentos en cerveza para las mujeres que asistan. «Queremos que las mujeres se sientan bienvenidas y cómodas en un espacio que históricamente ha sido dominado por hombres», explica la dueña del local, Sarah Martínez.
Otro ejemplo es BrewDog, una cadena de bares con sede en Reino Unido pero con presencia en EE.UU., que ha apostado por crear ambientes más inclusivos. «Hemos notado que los clientes valoran cada vez más la diversidad y la igualdad», comenta un portavoz de la empresa. «Por eso hemos incluido en nuestra programación partidos de la NWSL y eventos con temática LGBTQ+».
Sin embargo, no todos los bares están dispuestos a cambiar. Algunos puristas del deporte tradicional ven con escepticismo estas nuevas tendencias. «Los bares deportivos siempre han sido un refugio para los fans del deporte, no para apostadores o activistas», argumenta John Reynolds, un cliente habitual de un bar en Chicago. «Si empiezan a llenarse de pantallas de apuestas y eventos inclusivos, perderán su esencia».
Pero los datos sugieren lo contrario. Según un informe de la National Restaurant Association, el 62% de los millennials y la Generación Z prefieren bares que ofrezcan experiencias más allá del deporte tradicional, como apuestas, juegos de mesa o eventos culturales. Además, el 45% de las mujeres entre 18 y 34 años prefieren bares que incluyan deportes femeninos en su programación.
Ante este panorama, los dueños de bares deportivos se enfrentan a una disyuntiva: ¿adaptarse o quedarse atrás? Para muchos, la respuesta está clara. «Si no cambiamos, nos convertiremos en un anacronismo», advierte David López, dueño de un bar en Los Ángeles. «Los clientes ya no quieren solo ver partidos; quieren vivir experiencias».
En definitiva, los bares deportivos en EE.UU. están en una encrucijada. Mientras algunos se resisten al cambio, otros están abrazando las nuevas tendencias con entusiasmo. Lo que está claro es que, para sobrevivir, estos espacios tendrán que reinventarse y ofrecer algo más que cerveza y deportes tradicionales.