Un archivo histórico de 40 años

En el archipiélago de las Islas Feroe, en el Atlántico Norte, científicos del Agencia Ambiental de las Islas Feroe y del Instituto de Investigación Marina recogen muestras de tejidos de ballenas piloto de aletas largas. Este registro, que se remonta a la década de 1980, ha permitido estudiar la acumulación de contaminantes artificiales en uno de los entornos marinos más remotos del planeta.

PFAS: los 'químicos para siempre' que no aparecen

Jennifer Sun, investigadora de la Universidad de Harvard y autora principal de un estudio reciente, analizó cómo los PFAS —sustancias per- y polifluoroalquiladas, conocidas como 'químicos para siempre'— se han acumulado en los tejidos de estas ballenas entre 2001 y 2023. Los resultados mostraron una reducción esperada en los PFAS más antiguos, pero una sorprendente ausencia de los nuevos compuestos.

Para medir la presencia de estos químicos, el equipo utilizó el parámetro de organofluorados extraíbles en masa, que detecta la cantidad total de compuestos con flúor en los tejidos. Posteriormente, identificaron 28 sustancias específicas de entre miles de posibles formulaciones de PFAS. La falta de nuevos PFAS en las muestras plantea una pregunta clave: ¿Dónde están terminando estos contaminantes emergentes?

Legados y nuevos PFAS: una distinción crucial

Los PFAS se dividen en dos grandes categorías:

  • PFAS heredados: como el PFOA (ácido perfluorooctanoico) y el PFOS (ácido perfluorooctanosulfónico), producidos masivamente entre los años 70 y 90 para aplicaciones como utensilios antiadherentes, envases alimentarios, textiles impermeables y espumas contra incendios. Su uso se restringió a principios de los 2000.
  • PFAS novedosos: desarrollados como alternativa a los heredados, con cadenas de carbono fluorado más cortas para reducir su persistencia en el medio ambiente. Aunque se promueven como menos dañinos, su producción y variedad son masivas: podrían existir millones de estructuras químicas distintas.

El estudio de Sun sugiere que, a pesar de su creciente fabricación, los nuevos PFAS no están apareciendo en los tejidos de las ballenas. Esto podría indicar que:

  • Se están acumulando en otros organismos o compartimentos ambientales.
  • Se degradan o transforman en compuestos no detectables con las técnicas actuales.
  • Se transportan a regiones geográficas no estudiadas, como las profundidades oceánicas o los polos.

El desafío de regular los PFAS emergentes

La regulación de los PFAS en países como EE.UU. se centra en sustancias específicas. Cada nuevo compuesto debe ser evaluado individualmente antes de imponer restricciones, lo que dificulta el seguimiento de las 'sustituciones lamentables' —nuevas formulaciones que, aunque menos persistentes, pueden tener efectos tóxicos imprevistos—.

Según Sun,

«Investigar el comportamiento de cada PFAS es como intentar vaciar el océano con un vaso. Con millones de posibles compuestos y comportamientos, el riesgo actual y futuro para personas y ecosistemas es enorme».

¿Hacia dónde migran los nuevos PFAS?

Los científicos barajan varias hipótesis sobre el destino de estos químicos:

  • Acumulación en sedimentos marinos: Los PFAS podrían unirse a partículas en suspensión y depositarse en el fondo oceánico, donde persisten durante décadas.
  • Bioacumulación en especies no estudiadas: Organismos como plancton, peces de profundidad o invertebrados podrían estar absorbiendo estos compuestos sin que los análisis actuales los detecten.
  • Transporte atmosférico: Algunos PFAS volátiles podrían viajar largas distancias a través del aire y depositarse en regiones polares o montañosas.
  • Transformación química: Reacciones con otros contaminantes podrían generar subproductos aún más tóxicos o difíciles de rastrear.

Un llamado a ampliar la investigación

El estudio subraya la necesidad de técnicas analíticas más avanzadas y de monitorear otros compartimentos ambientales, como el agua dulce, los suelos agrícolas y el aire. Solo así se podrá entender el ciclo completo de estos contaminantes y proteger ecosistemas y salud humana.

Mientras las empresas siguen desarrollando nuevos PFAS, la ciencia intenta mantener el ritmo. Como advierte Sun:

«Sin una regulación ágil y métodos de detección más precisos, seguiremos jugando al gato y al ratón con estos químicos invisibles».