El Senado de Estados Unidos confirmó este miércoles a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), otorgando al presidente Donald Trump un control total sobre la política monetaria del país. La votación final, con un resultado de 54 votos a favor y 45 en contra, se decidió mayoritariamente por líneas partidistas.

Solo el senador demócrata John Fetterman rompió con su partido y votó a favor de la confirmación de Warsh, alineándose con los republicanos.

Warsh encaja perfectamente en el perfil que Trump busca: es un hombre de negocios adinerado —de hecho, será el presidente más rico en la historia de la Fed— y, sobre todo, está dispuesto a alinearse con los intereses del mandatario. Durante las audiencias de confirmación celebradas el mes pasado, Warsh aseguró ante los legisladores que tomaría "muy en serio" su responsabilidad como líder independiente de la Reserva Federal. Incluso afirmó que Trump nunca le había pedido que "predeterminara, comprometiera, fijara o decidiera" las decisiones sobre los tipos de interés, ni él estaría dispuesto a hacerlo.

Sin embargo, estas declaraciones resultaron ser falsas. En una entrevista concedida a The Wall Street Journal en diciembre, Trump reconoció que había presionado a Warsh para que apoyara recortes de tipos de interés si era nombrado al frente del banco central. Cuando el senador Rubén Gallego le preguntó directamente sobre este punto durante la audiencia, Warsh se quejó de los estándares periodísticos.

No es ningún secreto que Trump lleva tiempo presionando a la Fed para que reduzca los tipos de interés, con el objetivo de impulsar las posibilidades de su partido en las elecciones de mitad de mandato. El mandatario ha criticado en repetidas ocasiones al actual presidente de la Fed, Jerome Powell, por negarse a aplicar estos recortes. Además, Trump no duda en exigir lealtad a quienes nombra, como demuestra con los magistrados conservadores del Tribunal Supremo a los que sigue acosando.

La confirmación de Warsh como nuevo presidente de la Fed marca un nuevo golpe a la independencia del banco central, consolidando el control de Trump sobre la política monetaria estadounidense.