Si sufres ansiedad, es probable que hayas recibido consejos simplistas como ‘sal a caminar’, ‘duerme más’ o ‘medita’. Aunque estas recomendaciones son válidas, cuando la mente no para, suelen quedarse cortas. Esto es especialmente cierto en personas de alto rendimiento, cuya productividad y exigencia constante pueden agravar el problema.

Parte de la confusión radica en confundir estrés con ansiedad. Aunque relacionados, son problemas distintos que requieren soluciones diferentes. El estrés suele ser una respuesta a demandas externas y desaparece al resolver el problema. La ansiedad, en cambio, surge internamente y puede persistir incluso sin un detonante claro. Mientras el estrés se disipa, la ansiedad se enquista, generando rumiaciones mentales que afectan la creatividad, la motivación y la toma de decisiones.

Si la ansiedad ha tomado el control de tu mente, no te preocupes. Expertos en salud mental proponen nueve estrategias prácticas para combatirla cuando las técnicas tradicionales, como la respiración, no funcionan.

1. Permítete descansar: el descanso es productivo

El psicoterapeuta Josh Altman, especializado en trabajar con profesionales de alto rendimiento, destaca que las personas más exigentes suelen descuidar hábitos esenciales como una alimentación equilibrada, dormir lo suficiente o tomar pausas cortas de ejercicio.

“Quienes están orientados al rendimiento no buscan dejar de rendir”, explica Altman. “Pero cuando el cerebro está siempre activo, es clave entender que desconectar no es un lujo, sino una inversión”. Según él, tomarse un descanso mejora la calidad del trabajo posterior, ya que beneficia la función cognitiva, la concentración y la resolución de problemas.

2. Empieza con pequeños cambios: la magia de lo gradual

Para quienes aplican un enfoque de ‘todo o nada’ en su vida personal, incluso hábitos como hacer ejercicio o dormir pueden convertirse en una fuente de frustración. Altman advierte que los cambios radicales rara vez funcionan. En su lugar, propone intervenciones pequeñas y medibles que generen hábitos sostenibles.

Un ejemplo práctico: en lugar de intentar un ‘detox digital’ completo, comienza dejando el teléfono en silencio en otra habitación durante 15 minutos al día. A medida que te acostumbres, aumenta el tiempo. Esta técnica no solo es fácil de implementar, sino que reduce la ansiedad de forma inmediata, al permitir que el sistema nervioso se reinicie.

3. Externaliza tu lista de tareas: rompe el ciclo de la rumiación

¿Te obsesionas con lo que falta por hacer en lugar de reconocer lo que ya has logrado? La neurociencia explica por qué: nuestro cerebro recuerda mejor las tareas incompletas que las finalizadas, según Altman.

Una solución efectiva es externalizar tus responsabilidades. Usa herramientas como listas en papel, aplicaciones de gestión de tareas o incluso un simple post-it. Al ver tus compromisos fuera de tu mente, reduces la carga mental y evitas que la ansiedad se apodere de tus pensamientos.

4. Establece límites claros entre trabajo y vida personal

Los profesionales de alto rendimiento suelen llevar su trabajo a casa, ya sea revisando correos o pensando en proyectos pendientes. Esto difumina los límites y alimenta la ansiedad.

Altman recomienda crear rituales de transición para marcar el fin de la jornada laboral. Por ejemplo:

  • Cambiarte de ropa al llegar a casa.
  • Tomar un café o té como señal de desconexión.
  • Dedicar los primeros 10 minutos a una actividad placentera, como escuchar música o leer.

Estos pequeños gestos ayudan al cerebro a ‘apagar’ el modo trabajo y activar el modo descanso.

5. Practica la ‘regla de los 5 minutos’ para vencer la procrastinación

La procrastinación suele generar culpa y ansiedad, creando un círculo vicioso. Para romperlo, Altman sugiere aplicar la ‘regla de los 5 minutos’: comprométete a trabajar en una tarea solo durante ese tiempo. Una vez empezado, es más fácil continuar.

Esta técnica reduce la presión inicial y demuestra que el primer paso es más manejable de lo que parece. Con el tiempo, los 5 minutos pueden convertirse en 15, 30 o más.

6. Usa el ‘tiempo de preocupación’ para controlar la rumiación

Si tu mente no para de dar vueltas a los mismos problemas, asigna un ‘tiempo de preocupación’ específico cada día. Por ejemplo, 20 minutos por la tarde para anotar tus inquietudes en un papel.

Fuera de ese horario, cuando surjan pensamientos ansiosos, recuerda: ‘Lo pensaré en mi tiempo de preocupación’. Esto entrena a tu cerebro a posponer la rumiación y reduce su intensidad.

7. Incorpora movimiento físico en tu rutina diaria

El ejercicio no solo beneficia el cuerpo, sino que regula el sistema nervioso y reduce el cortisol, la hormona del estrés. Para quienes no tienen tiempo para gimnasios o largas sesiones, Altman recomienda:

  • Caminar 10 minutos después de comer.
  • Estirarte al despertar o antes de dormir.
  • Usar las escaleras en lugar del ascensor.

Estas acciones, aunque mínimas, actúan como válvulas de escape para la ansiedad.

8. Practica la gratitud para reenfocar tu mente

La ansiedad suele centrarse en lo negativo o en lo que falta. Para contrarrestarlo, Altman propone un ejercicio sencillo: escribe tres cosas por las que estás agradecido cada noche.

Este hábito no solo mejora el estado de ánimo, sino que entrena al cerebro para buscar lo positivo, reduciendo la tendencia a la rumiación.

9. Busca apoyo profesional cuando la ansiedad persiste

Si, a pesar de aplicar estas técnicas, la ansiedad sigue interfiriendo en tu vida, no dudes en buscar ayuda de un psicólogo o terapeuta. Un profesional puede ofrecerte herramientas personalizadas y estrategias para manejar el estrés de forma más efectiva.

Recuerda: pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de inteligencia emocional. Los altos niveles de exigencia no tienen por qué ir acompañados de ansiedad constante.