De steakhouse a templo de la magia: la reinvención de una mansión histórica
Hace años, cuando este edificio de Chicago albergaba un restaurante Lawry’s, los comensales recibían porciones modestas de carne templada sobre manteles blancos. El ambiente, con sus escaleras clásicas y salas vetustas, evocaba más un velatorio que la opulencia de la Edad Dorada. Hoy, al cruzar sus puertas, el visitante accede a un mundo donde la magia lo envuelve todo.
Gracias a la inversión de 50 millones de dólares y al diseño de los estudios Rockwell Group y Pentagram, la mansión McCormick se ha convertido en The Hand The Eye, el mayor espacio dedicado a la magia del planeta, con 35.000 metros cuadrados. Su creador, el inversor y apasionado de la magia Glen Tullman, ha apostado por una experiencia única: un recorrido de tres horas sin cámaras, con 75 dólares en créditos para comida y bebida, que lleva a los asistentes por salas íntimas y teatros donde los trucos desafían la realidad.
«Hemos construido esto para durar 100 años, priorizando a los artistas y al público, no solo los beneficios. A veces, al crear algo especial, los números también mejoran». — Glen Tullman
Un homenaje a la magia de Chicago en su época dorada
The Hand The Eye no es solo un teatro o un club: es una escuela, un punto de encuentro y un museo vivo que rinde tributo a la magia de mediados del siglo XX en Chicago. En esa época, los magos recorrían los bares con trucos de cartas que dejaban a los espectadores sin palabras, usando solo 52 trozos de papel encerado.
El espacio, diseñado para transportar al visitante a otra época, mezcla elementos arquitectónicos de los años 1870 a 1930. Paredes con papeles pintados, barras de mármol, carpintería artesanal, placas de latón personalizadas y abundante terciopelo y flecos crean un ambiente donde cada rincón es único. Sin ventanas y con una iluminación cálida, el interior parece congelado en un atardecer eterno, ideal para perder la noción del tiempo.
Detalles que hacen la diferencia
Lo que distingue a The Hand The Eye de otros espacios temáticos es su autenticidad. No es una atracción de feria ni una sala de escape; es un lugar donde lo vintage y lo moderno conviven en armonía. Los muebles, una mezcla de antigüedades y piezas hechas a medida, y las colecciones de arte y objetos históricos —como una de las latas de leche de Harry Houdini— refuerzan la inmersión. Cada detalle está pensado para que la magia no sea un simple espectáculo, sino una experiencia sensorial completa.
Más que un espectáculo: una comunidad para magos
Además de ser un escenario para ilusionistas, The Hand The Eye aspira a ser un punto de encuentro para la comunidad mágica. Talleres, redes de contacto y eventos exclusivos buscan revitalizar el arte del ilusionismo, atrayendo tanto a profesionales como a aficionados. Tullman confía en que este proyecto no solo atraerá a turistas, sino que también inspirará a nuevas generaciones de magos.
Con entradas desde 225 dólares, la apuesta es clara: crear un espacio donde la magia no sea un recuerdo del pasado, sino una tradición viva y en constante evolución.