La inteligencia artificial está redefiniendo los límites de la producción académica, y el ámbito jurídico no es una excepción. En un contexto donde las capacidades de la IA evolucionan a un ritmo vertiginoso, surge una pregunta clave: ¿cómo debemos presentar los resultados de investigaciones jurídicas generadas, en parte, con herramientas de inteligencia artificial?
Para abordar este debate, lo planteo como una cuestión de abril de 2026, un momento en el que la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para regularla. Aunque las respuestas pueden variar con el tiempo, el desafío actual exige una reflexión inmediata sobre cómo integrar la IA en la producción de conocimiento jurídico sin comprometer la integridad académica.
En esta primera entrega, explicaré por qué recurrí a la IA para resolver un problema concreto en mi investigación. En un próximo artículo, analizaré qué logró la herramienta y plantearé la pregunta central: ¿qué hacer con los resultados generados por la IA?
El origen de un dilema académico
Hace unos años, publiqué un artículo titulado Decryption Originalism: The Lessons of Burr, en la Harvard Law Review (2021). La investigación exploraba el significado original de la Quinta Enmienda —específicamente, el privilegio contra la autoincriminación— y su posible aplicación al desbloqueo de teléfonos móviles. El estudio se basó en un hecho histórico singular: en 1807, durante el juicio por traición a Aaron Burr, el entonces presidente del Tribunal Supremo, John Marshall, emitió una opinión detallada sobre cómo este privilegio se aplicaba a la obtención de testimonios de un secretario privado de Burr.
Mi trabajo se apoyó, en gran medida, en una transcripción de los argumentos orales realizada por un abogado presente en la sala: el señor Robertson. Según su relato, había registrado de forma casi literal cada intervención, cada fuente jurídica citada e incluso los *pincites* (referencias precisas a páginas o párrafos). La premisa era que, dada la relevancia de los abogados involucrados en el caso, sus argumentos reflejarían el entendimiento de la época sobre el privilegio contra la autoincriminación.
El artículo, publicado en 2021, cerró un ciclo de investigación. Sin embargo, años después, descubrí que existía una segunda transcripción independiente del mismo juicio. Otro abogado, el señor Carpenter, afirmaba haber realizado la misma tarea que Robertson: registrar de manera exhaustiva los argumentos, las fuentes y los detalles procesales. Ambos publicaron sus transcripciones como libros poco después del juicio.
La transcripción de Robertson era —y sigue siendo— la más conocida. Aparecía en los registros históricos del caso Burr y fue citada en la jurisprudencia del siglo XIX. Por eso, basé mi investigación en ella. El hallazgo de la versión de Carpenter planteó un problema metodológico: ¿cuál de las dos transcripciones era más fiable?
La IA como herramienta de contraste
Ante la duda sobre la autenticidad o precisión de los documentos históricos, recurrí a la inteligencia artificial para analizar ambos textos. La IA permitió comparar patrones lingüísticos, referencias cruzadas y detalles contextuales que podrían revelar inconsistencias o diferencias significativas entre las transcripciones.
Los resultados fueron reveladores. La herramienta identificó divergencias notables en la estructura de los argumentos, en las citas jurídicas e incluso en la terminología utilizada. Esto no solo cuestionaba la fiabilidad de ambas transcripciones, sino que también ponía en entredicho algunas de las conclusiones de mi artículo de 2021.
Este ejercicio me llevó a replantearme no solo el uso de la IA en la investigación jurídica, sino también cómo debemos presentar y atribuir los resultados generados por estas herramientas. ¿Deben incluirse en la bibliografía? ¿Cómo se debe informar al lector sobre el grado de intervención de la IA? ¿Qué estándares éticos deben aplicarse?
El futuro de la investigación jurídica con IA
El caso de las transcripciones de Burr no es aislado. Cada vez más académicos recurren a herramientas de IA para analizar grandes volúmenes de datos jurídicos, desde sentencias hasta legislación histórica. Sin embargo, el uso de estas tecnologías plantea desafíos éticos y metodológicos:
- Transparencia: Los lectores deben conocer en qué medida la IA ha contribuido a la investigación, ya sea en la generación de ideas, el análisis de datos o la redacción.
- Verificación: Los resultados generados por IA deben someterse a un proceso de validación riguroso, especialmente cuando se trata de fuentes históricas o interpretaciones jurídicas.
- Atribución: ¿Cómo se reconoce la autoría de un texto en el que la IA ha tenido un papel activo? ¿Debe figurar como coautora, asistente o simplemente como herramienta?
- Responsabilidad: Si un artículo basado en IA contiene errores, ¿quién asume la responsabilidad: el autor, la herramienta o la plataforma que la desarrolló?
Estas preguntas no tienen respuestas definitivas, pero son esenciales para garantizar que la IA se utilice como un complemento —y no como un sustituto— del rigor académico.
«La inteligencia artificial puede acelerar la investigación, pero no puede —ni debe— reemplazar el juicio crítico y la interpretación humana. El desafío está en encontrar un equilibrio que preserve la integridad del conocimiento jurídico».
Hacia un marco ético para la IA en la academia
El debate sobre el uso de la IA en la investigación jurídica trasciende lo técnico. Se trata de una cuestión ética y epistemológica: ¿qué significa producir conocimiento en la era digital? ¿Cómo garantizamos que las herramientas tecnológicas no distorsionen la realidad que intentamos comprender?
En los próximos meses, seguiré explorando estas preguntas en una segunda parte de este análisis. Allí, compartiré los resultados concretos obtenidos con la IA en el caso de las transcripciones de Burr y plantearé propuestas para integrar estas herramientas en la academia sin perder de vista los principios fundamentales del método jurídico.
Mientras tanto, invito a la comunidad académica a reflexionar: ¿cómo debería regularse el uso de la IA en la investigación jurídica? Las respuestas que surjan hoy determinarán el futuro de la producción de conocimiento en este campo.