El Departamento de Defensa de Estados Unidos dejará de exigir la vacuna contra la gripe para los miembros de las Fuerzas Armadas y el personal civil, según anunció el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en un vídeo publicado en redes sociales.
En el mensaje, Hegseth aseguró que la vacunación solo se ofrecerá a quienes «creen que la vacuna contra la gripe es lo mejor para ellos». Además, calificó esta medida como un paso para «restablecer la libertad en las Fuerzas Armadas».
La decisión ha generado críticas, ya que algunos sectores la ven como un retroceso en la protección de la salud del personal militar. ¿Acaso el Pentágono solo proporcionará equipos pesados a quienes consideren necesario cargar con 65 kilos? ¿O solo asignará misiones de alto riesgo a soldados que asuman el riesgo de morir a los 23 años?
El debate también plantea preguntas sobre futuras exenciones basadas en creencias personales, como en el caso de las pruebas de polígrafo para evaluar lealtad.
Un dato histórico relevante: durante la pandemia de gripe española (1918-1920), la influenza causó más de 45.000 muertes entre soldados estadounidenses, incluyendo casi 16.000 desplegados en Francia durante la Primera Guerra Mundial. En aquel entonces, la vacuna habría sido obligatoria para evitar consecuencias graves.
Hegseth ha defendido en repetidas ocasiones la necesidad de maximizar la capacidad de combate de las tropas. Sin embargo, esta decisión parece contradecir ese objetivo al priorizar la libertad individual sobre la salud colectiva.