El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el pasado sábado una orden ejecutiva para impulsar la investigación de ciertas drogas psicodélicas como posibles tratamientos para la depresión y otros trastornos mentales. A su lado, durante la firma, se encontraba el conocido podcaster Joe Rogan. Trump reveló que Rogan había sido una inspiración clave para acelerar el proceso de legalización de la ibogaína, una sustancia utilizada fuera de EE.UU. para tratar el trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Rogan y su defensa de la ibogaína
Rogan lleva años promoviendo los beneficios de la ibogaína. En una entrevista en su podcast hace un año, afirmó:
«La ibogaína, en particular, ha ayudado a mucha gente. Según parece, te permite revisar tu vida».Hace solo dos semanas, entrevistó al CEO de Americans for Ibogaine, quien también estuvo presente cuando Trump firmó la orden para facilitar el acceso a este fármaco.
Aunque la relación entre Rogan y Trump se ha visto tensada en el pasado —el podcaster criticó la guerra de Trump contra Irán y este lo tachó de «liberal»—, el propio Rogan aseguró que fue mediante mensajes directos con el presidente como se logró este avance. Según declaró a la prensa:
«Le escribí: “Suena genial, ¿quieres la aprobación de la FDA?”. Y él respondió: “Sí, exactamente”. Fue así de rápido».
El auge de las drogas psicodélicas en la agenda política y económica
Rogan no es el único personaje influyente que aboga por la legitimación de estas sustancias. El camino hacia su aceptación está siendo impulsado por inversores que ven en el mercado psicodélico el próximo gran negocio, comparable al de la cannabis. Entre ellos destaca el multimillonario tecnológico Peter Thiel, conocido por su apoyo a empresas farmacéuticas dedicadas a los psicodélicos.
Thiel ha invertido fuertemente en Compass Pathways, una compañía británica que busca comercializar la psilocibina —el componente activo de los hongos alucinógenos— con fines terapéuticos. También ha respaldado a Atai Beckley, una empresa alemana que investiga otros alucinógenos. El jueves, las acciones de ambas compañías experimentaron un fuerte aumento tras conocerse que Trump daría su respaldo a la ibogaína durante el fin de semana.
Texas y los fondos conservadores apuestan por la ibogaína
El estado de Texas también se ha sumado a esta tendencia. Recientemente anunció que destinará 50 millones de dólares a ensayos clínicos con ibogaína, programados para finales de marzo. Además, la Fundación Mercer, vinculada a la familia que apoyó la elección de Trump, ha donado más de 1 millón de dólares para financiar tratamientos con psicodélicos en veteranos de guerra con TEPT.
Trump, entre el escepticismo y el interés personal
Durante la firma de la orden ejecutiva en la Casa Blanca, Trump no mencionó los intereses económicos detrás de este movimiento. En cambio, sorprendió con una petición personal:
«¿Puedo tomar un poco, por favor? Haré lo que sea necesario… No tengo tiempo para estar deprimido. Quizá mantenerse ocupado sea la solución, como hago yo».
Este gesto refleja el creciente interés —tanto político como privado— por explorar alternativas terapéuticas con psicodélicos, un campo que, hasta hace poco, era considerado marginal y controvertido.