El pasado 29 de abril, durante una audiencia en el Congreso de Estados Unidos, el Pentágono reveló una cifra oficial: los primeros dos meses de la guerra no declarada contra Irán habían costado a los contribuyentes unos 25.000 millones de dólares. Jules Hurst III, entonces interventor general del Departamento de Defensa, detalló que esta cantidad incluía «el gasto en municiones y otros costes operativos» de la Operación Furia Épica.

Sin embargo, esta estimación solo refleja los costes militares directos: bombas, misiles y equipos destruidos. No tiene en cuenta otros factores clave, como el impacto económico global, los subsidios a aliados o el aumento del precio del petróleo. Según el experto en política de seguridad Stephen Semler, cofundador del Security Policy Reform Institute, el coste real supera los 72.000 millones de dólares en los primeros 60 días del conflicto.

Semler, en un análisis publicado en Substack, criticó duramente la cifra oficial: «Los 25.000 millones anunciados por el Pentágono son una mentira. Es una forma de ocultar el verdadero alcance de una guerra que ya está descontrolada». Su cálculo incluye no solo los gastos militares, sino también los daños en activos estadounidenses, las ayudas a Israel y otros costes indirectos.

¿Por qué la cifra del Pentágono es insuficiente?

El modelo económico de la Universidad de Pensilvania (Penn Wharton Budget Model) ya había advertido en abril que los dos primeros meses de guerra podrían costar entre 38.000 y 47.000 millones. De hecho, según sus proyecciones, el gasto superó los 25.000 millones en solo 32 días.

Pero incluso estas cifras quedan cortas. El economista Justin Wolfers, de la Universidad de Michigan, publicó en The New York Times que el conflicto podría terminar costando cientos de miles de millones, e incluso billones de dólares. Su análisis va más allá de lo militar: incluye el aumento del precio del petróleo, una probable inflación descontrolada, subidas de tipos de interés y un freno al crecimiento económico.

«Si la economía tarda años en recuperarse, ese menor crecimiento podría traducirse en una pérdida de ingresos de unos 400.000 millones de dólares», advirtió Wolfers. Además, el impacto en el bolsillo de los ciudadanos ya es palpable: desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, el precio medio de la gasolina en EE.UU. ha subido más de 20 céntimos por galón, lo que suma más de 20.000 millones en gasto adicional para los automovilistas.

Costes ocultos: más allá de los números militares

El Watson Institute de la Universidad de Brown lleva un seguimiento en tiempo real de los costes de la guerra, y su estimación actual supera los 37.000 millones de dólares. Este cálculo incorpora no solo los gastos directos, sino también:

  • Subsidios a Israel: miles de millones en apoyo militar y económico.
  • Daños en infraestructuras: destrucción de bases, equipos y sistemas de defensa.
  • Impacto en la cadena de suministro global: interrupciones en el comercio de petróleo y otros recursos estratégicos.
  • Efectos en la inflación y el empleo: el conflicto ha acelerado la subida de precios en sectores clave.

En marzo, la administración Trump solicitó al Congreso 200.000 millones de dólares para cubrir los gastos de la guerra. Sin embargo, expertos como Semler y Wolfers coinciden en que esta partida será insuficiente. «El coste real será mucho mayor, y sus consecuencias económicas se alargarán durante años», advierten.

«Esta guerra no solo es ilegal y no declarada, sino que está diseñada para ocultar su verdadero impacto. Los contribuyentes pagarán la factura durante décadas».
— Stephen Semler, experto en seguridad nacional

¿Qué podemos esperar en el futuro?

Si el conflicto se prolonga, los expertos prevén:

  • Un aumento del déficit público: el gasto militar descontrolado agravará la deuda de EE.UU.
  • Presión sobre los mercados energéticos: el petróleo podría alcanzar nuevos máximos históricos.
  • Riesgo de recesión global: la incertidumbre geopolítica frenará la inversión y el consumo.
  • Mayor inestabilidad en Oriente Medio: el conflicto podría extenderse a otros países de la región.

Mientras el Gobierno de EE.UU. sigue minimizando las cifras, los analistas insisten en que el coste real de la guerra contra Irán será uno de los más altos de la historia reciente. Y, como siempre, serán los ciudadanos quienes acaben pagando la factura.

Fuente: Reason