La Casa Blanca ha presentado este miércoles una nueva Estrategia de Contraterrorismo de Estados Unidos, el primer documento de este tipo desde 2021. Sin embargo, a diferencia de su predecesor, este texto —diseñado por el asesor antiterrorista Sebastian Gorka— omite por completo cualquier mención a la violencia supremacista blanca, que sí aparecía en la directiva de la era Biden.

En su lugar, el documento identifica como amenazas de igual gravedad a «extremistas violentos de izquierda, incluyendo anarquistas y antifascistas», junto a grupos como «terroristas islamistas tradicionales» y «narcoterroristas y bandas transnacionales». Además, el texto prioriza la «identificación y neutralización rápida» de colectivos políticos seculares con ideologías «antiestadounidenses, radicalmente pro-transgénero y anarquistas».

Vinculación entre personas trans y terrorismo

El documento incluye afirmaciones controvertidas, como culpar a las personas trans del tiroteo contra Charlie Kirk, líder conservador. Según el texto, «los estadounidenses han sido testigos de asesinatos motivados políticamente contra cristianos y conservadores, como el de Charlie Kirk, cometido por un radical que profesaba ideologías transgénero extremas».

Esta narrativa ha sido impulsada por organizaciones como la Fundación Heritage, que ha presionado al FBI para que considere la defensa de los derechos trans como una forma de extremismo violento. Durante una rueda de prensa, Gorka declaró que la administración actuaría con dureza contra «cualquier amenaza, ya sean carteles, yihadistas o extremistas de izquierda como Antifa —y como los asesinos transgénero, no binarios y radicales de izquierda que mataron a mi amigo Charlie Kirk—».

Críticas por ignorar el extremismo de derecha

El representante demócrata Bennie G. Thompson, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, criticó duramente el documento. Según Thompson, la estrategia ignora por completo al extremismo de derecha, «a pesar de décadas de datos que demuestran que es la principal amenaza violenta contra civiles en suelo estadounidense».

Thompson añadió que el texto carece de «objetivos estratégicos, líneas de acción o asignación de responsabilidades», limitándose a una lista de objetivos políticos. También cuestionó los supuestos logros del gobierno en contraterrorismo, como las deportaciones masivas y más de 40 ataques militares no autorizados en el hemisferio occidental.

El término «contraterrorismo» y su evolución

El concepto de contraterrorismo se popularizó tras los atentados del 11 de septiembre y las invasiones de Afganistán e Irak. En sus inicios, se utilizó para justificar la vigilancia y el estigma contra comunidades musulmanas y árabes en EE.UU. Ahora, según analistas, este mismo lenguaje se está aplicando contra las personas trans.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llegó a comparar la muerte de Kirk con un «11-S doméstico», mientras que la Fundación Heritage ha promovido activamente la idea de asociar el activismo trans con el terrorismo. El documento finaliza con una advertencia: «Identificaremos a sus miembros, mapearemos sus vínculos con organizaciones internacionales como Antifa y utilizaremos herramientas policiales para desmantelarlos operativamente».

«Este documento no es una estrategia, sino una lista de enemigos políticos disfrazada de plan de seguridad nacional». — Bennie G. Thompson