Un reciente estudio ha demostrado que los bebés neandertales no solo eran más grandes que los humanos modernos al nacer, sino que también crecían a un ritmo más acelerado. Los científicos, basados en Israel y Europa, analizaron los restos de un niño neandertal de seis meses hallado en una cueva del norte de Israel, datado entre 51.000 y 56.000 años atrás.

Los restos, que incluían 111 huesos, revelaron que el pequeño presentaba una estructura ósea excepcionalmente robusta y un cráneo grande, lo que podría sugerir una edad mayor. Sin embargo, el análisis de sus dientes confirmó su corta edad, según detalla el estudio publicado en la revista Current Biology.

Una infancia robusta y acelerada

Ella Been, profesora de anatomía y antropología en la Universidad de Tel Aviv y autora principal del estudio, explicó a El País que «la edad histológica de los dientes es más precisa que la estimada por el volumen de los huesos largos o la cavidad endocraneal para determinar edades tan tempranas».

Investigaciones previas, como la realizada en 2022, ya habían confirmado que los niños neandertales desarrollaban huesos más fuertes que los de los humanos actuales. Además, los adultos neandertales solían ser más bajos y fornidos que los humanos modernos.

«Al comparar con otros bebés neandertales conocidos, se observa el mismo patrón: un crecimiento corporal y cerebral más rápido, lo que implica un mayor gasto energético», añadió Been. «Comprender este patrón es clave para entender quiénes eran los neandertales y cómo se adaptaron a su entorno».

Adaptación a un mundo hostil

Los neandertales habitaron Europa y Asia entre hace 400.000 y 40.000 años, en un período marcado por condiciones climáticas extremas. Su proceso evolutivo favoreció la supervivencia de niños robustos y de crecimiento rápido, capaces de madurar en entornos hostiles.

Aunque estas diferencias físicas son notables, no impidieron que nuestros ancestros interactuaran con ellos. Existen pruebas genéticas de que humanos modernos y neandertales se cruzaron, dejando un legado en nuestro ADN que narra una historia de convivencia entre especies en la prehistoria.

Un legado compartido

El hallazgo no solo arroja luz sobre el desarrollo de los neandertales, sino que también resalta las diferencias clave entre ambas especies. A pesar de su extinción, su influencia persiste en nuestra genética, recordando un pasado en el que coexistieron con los primeros humanos.

Fuente: Futurism