En 1627, un año después de la muerte del filósofo y estadista Francis Bacon, se publicó una breve pero evocadora obra suya titulada La Nueva Atlántida. La novela describe cómo un barco, desviado de su ruta, llega a una isla desconocida llamada Bensalem. En su centro se alza la Casa de Salomón, una institución dedicada a «el conocimiento de las causas y los movimientos secretos de las cosas», así como a «la realización de todo lo posible».
La obra reflejaba la visión de Bacon sobre una ciencia fundamentada en el escepticismo, el empirismo y la creencia de que entender y crear eran una misma búsqueda. Lejos de ser un simple gabinete de curiosidades, la Casa de Salomón albergaba cuevas profundas para refrigeración, torres astronómicas, cámaras acústicas, talleres de ingeniería y espacios dedicados a la óptica. Sus miembros llevaban títulos que hoy parecen futuristas: Comerciantes de Luz, Pioneros, Compiladores e Intérpretes de la Naturaleza.

Francis Bacon, autor de La Nueva Atlántida y pionero del método científico.
Los ingenieros que inspiraron a Bacon
Bacon no inventó su historia desde cero. Dos ingenieros con los que probablemente entró en contacto —Cornelis Drebbel (holandés) y Salomon de Caus (francés)— le demostraron que instituciones como la Casa de Salomón podían ser una realidad. Sus inventos innovadores sugirieron que el método disciplinado de creación y prueba podía transformar el conocimiento humano.
Cornelis Drebbel: el pionero de la tecnología subacuática
Drebbel llegó a Inglaterra en 1604 invitado por el rey Jacobo I. Sus inventos audaces llamaron rápidamente la atención. En la década de 1620, presentó un dispositivo que parecía sacado de la fantasía: un barco capaz de sumergirse en el Támesis y emerger horas después, transportando pasajeros desde Westminster hasta Greenwich. Los relatos de la época mencionan tubos que llegaban a la superficie para suministrar aire, mientras que versiones posteriores afirman que Drebbel había descubierto métodos químicos para renovarlo. Perfeccionó su embarcación submarina mediante pruebas iterativas, cada una guiada por inmersiones de prueba y ajustes.
Entre sus otras creaciones destacaban un dispositivo de movimiento perpetuo basado en cambios de calor y presión del aire, un regulador de mercurio para incubar huevos y microscopios avanzados.
Salomon de Caus: el maestro de la ingeniería hidráulica y el espectáculo
De Caus, que llegó a Inglaterra alrededor de 1611, diseñó fuentes ingeniosas que convertían los jardines reales en espectáculos animados. Los visitantes quedaban maravillados al ver cómo estatuas se movían y pájaros cantaban en autómatas accionados por agua, mientras tuberías y bombas ocultas alimentaban fuentes elaboradas y escenas mitológicas. En 1615, publicó Las razones de los movimientos de las fuerzas, un manual ilustrado sobre dispositivos accionados por agua y aire, como surtidores, órganos hidráulicos y figuras mecánicas.
Lo que diferenciaba a de Caus era su enfoque en la escala y el espectáculo. Aprovechó principios físicos antiguos para crear teatro cortesano, demostrando que la ciencia podía ser tan espectacular como útil.
De la práctica a la teoría: el legado de Bacon
Los submarinos herméticos de Drebbel y sus pruebas metódicas resonaron en los estudios de movimiento y cámaras ambientales de la Casa de Salomón. Las fuentes musicales y mecanismos ocultos de de Caus encontraron paralelo en las cámaras acústicas y las ilusiones ópticas de la institución. De estos talleres prácticos, Bacon extrajo la lección de que el conocimiento fiable surge al trabajar dentro de las limitaciones materiales, mediante la creación y la experimentación rigurosa. En Bensalem, imaginó una sociedad organizada en torno a este principio.
Más allá de inspirar la ficción de Bacon, figuras como Drebbel y de Caus refinaron su filosofía emergente. En 1620, Bacon publicó Novum Organum, una obra que criticaba los métodos filosóficos tradicionales y abogaba por un nuevo enfoque para investigar la naturaleza. Señaló la imprenta, la pólvora y la brújula como ejemplos de cómo la tecnología práctica podía redefinir el conocimiento.
«El conocimiento es poder», escribió Bacon, resumiendo la idea de que la innovación técnica y la comprensión científica son inseparables.
La visión de Bacon, moldeada por ingenieros como Drebbel y de Caus, sentó las bases del método científico moderno, demostrando que la experimentación y la creación son pilares fundamentales del progreso humano.