Los paneles de instrumentos digitales en los coches actuales han generado rechazo entre muchos conductores. Pantallas abrumadoras, reflejos molestos y una experiencia de uso poco intuitiva han hecho que los sistemas tradicionales recuperen su atractivo. Sin embargo, hace medio siglo, la industria automotriz vivió un momento de innovación que combinó el diseño clásico con tecnología pionera: los paneles electroluminiscentes, conocidos en su época como "Panelescent".

Esta tecnología, desarrollada por Sylvania, iluminaba los indicadores de los vehículos Chrysler y Dodge de los años 60 con un brillo uniforme y sin sombras, evitando los problemas de los sistemas de iluminación frontal de la época. Aunque su uso fue breve, su legado perdura en productos como los relojes Indiglo de Timex.

¿Cómo funcionaba la electroluminiscencia?

La electroluminiscencia es un proceso en el que una corriente eléctrica excita un material fosforescente, haciendo que emita luz. Un panel electroluminiscente típico consta de tres capas:

  • Electrodo opaco metálico: base del sistema.
  • Fósforo: material que se ilumina al recibir la corriente.
  • Capa conductora transparente: permite el paso de la luz y completa el circuito.

Al aplicar corriente alterna (AC) entre las capas superior e inferior, los electrones del fósforo se excitan y liberan energía en forma de luz. Este método era más eficiente que las bombillas incandescentes, generaba menos calor y ofrecía un brillo uniforme desde cualquier ángulo, algo que incluso hoy desafía a las pantallas modernas.

Ventajas y limitaciones de la tecnología

Los paneles electroluminiscentes de los años 60 destacaban por su elegancia y funcionalidad. A diferencia de los sistemas de iluminación frontal, que producían reflejos y sombras, estos paneles emitían una luz suave y constante, ideal para la lectura de instrumentos. Además, su bajo consumo energético los hacía atractivos para la industria.

Sin embargo, su implementación no estuvo exenta de desafíos. El principal problema era el inversor de corriente, que convertía la energía de la batería del coche (corriente continua, DC) en la corriente alterna (AC) necesaria para el sistema. Estos inversores eran frágiles y propensos a fallos. Otro inconveniente era la degradación del fósforo con el tiempo, que reducía su luminosidad.

Evolución y legado

Aunque la tecnología inicial utilizaba fósforo en polvo, en los años 80 se avanzó hacia paneles de película delgada, más duraderos y versátiles. Empresas como Sharp adoptaron esta tecnología para productos como relojes y organizadores personales. Aunque los paneles electroluminiscentes desaparecieron de los coches, su influencia perdura en dispositivos como los relojes Indiglo de Timex, que emplean un principio similar.

Hoy, con el auge de las pantallas digitales en los coches, los paneles electroluminiscentes de los años 60 parecen un sueño efímero. Su combinación de arte y tecnología, aunque breve, dejó una huella imborrable en la historia del diseño automotriz.

Fuente: The Drive