El giro inesperado en el consumo de alcohol en EE.UU.

Un breve intercambio entre el gobernador de California, Gavin Newsom, y el comentarista conservador Charlie Kirk durante un podcast en marzo de 2023 desató una tendencia que está redefiniendo los hábitos de consumo en Estados Unidos. Cuando Newsom preguntó a Kirk si bebía, este respondió con un rotundo "no". La respuesta, lejos de ser anecdótica, refleja un cambio cultural en el seno del Partido Republicano, tradicionalmente asociado al consumo de alcohol.

Kirk, conocido por su postura conservadora, explicó que había dejado de beber para "ser más exitoso". Newsom, co-propietario de varias bodegas, respondió con ironía: "Me encanta". Este diálogo, aunque pasó desapercibido para muchos medios, es solo la punta del iceberg de un fenómeno que está sacudiendo a la industria de las bebidas.

Los datos que confirman la tendencia

Según la encuesta anual de hábitos de consumo de Gallup en agosto de 2025, solo el 54% de los estadounidenses afirmaba consumir alcohol, el porcentaje más bajo en casi 90 años. Pero el dato más revelador fue la caída en el consumo entre los republicanos: un 19% menos que hace una década, situándose en el 46%. En cambio, entre los demócratas el consumo se mantuvo estable en el 61%.

Estos números han generado preocupación en la industria, que durante décadas ha vinculado su éxito a marcas como Jack Daniel's o Coors Light, símbolos de la cultura conservadora y rural estadounidense. El Financial Times llegó a titular: "Los republicanos, los abstemios de América".

Figuras influyentes que lideran el cambio

El fenómeno no se limita a datos estadísticos. Varias personalidades clave del espectro conservador han adoptado un estilo de vida sin alcohol:

  • Donald Trump: El expresidente es el teetotaler más visible del Partido Republicano. Aunque en el pasado se le asociaba con el consumo de alcohol, hoy promueve un estilo de vida saludable y evita el alcohol.
  • Tucker Carlson: El expresentador de Fox News es un exalcohólico que lleva más de dos décadas sin probar una gota de alcohol. En su lugar, consume Zyn, un producto de nicotina que ha ganado popularidad entre los conservadores.
  • Joe Rogan: El polémico podcaster, ícono de la derecha alternativa, anunció en 2025 que había dejado el alcohol para adoptar un enfoque más disciplinado en su vida.

Estas figuras, junto a otros líderes conservadores, están normalizando la abstinencia en un grupo que históricamente ha visto el alcohol como parte de su identidad cultural.

¿Por qué los republicanos están dejando el alcohol?

Las razones detrás de este cambio son variadas. Algunos expertos apuntan a un aumento en la conciencia sobre la salud, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Otros sugieren que la influencia de movimientos como el "sober curious" —que promueve la reflexión sobre el consumo de alcohol— está calando en el electorado conservador.

Además, la popularidad de fármacos como Ozempic, que reducen el apetito por el alcohol, ha contribuido a este fenómeno. La industria de las bebidas, que durante años ha temido regulaciones más estrictas por parte de organismos como la OMS, ahora enfrenta un desafío aún mayor: la pérdida de su base de consumidores tradicionales.

"La industria del alcohol ha construido su éxito sobre la idea de que el consumo está ligado a la identidad conservadora. Ahora, ese vínculo se está desvaneciendo", afirma un analista del sector.

Un desafío para la industria

La caída en el consumo entre los republicanos no es solo un dato estadístico; es una amenaza para un sector que ha invertido décadas en posicionar sus marcas como símbolos de la cultura conservadora. Marcas como Budweiser o Miller Lite, históricamente asociadas al Partido Republicano, ahora deben replantearse su estrategia de marketing.

Mientras tanto, la industria intenta adaptarse. Algunas empresas han lanzado líneas de bebidas sin alcohol o con bajo contenido alcohólico, pero el desafío es grande. El alcohol ha sido durante décadas un elemento central en eventos políticos, reuniones familiares y celebraciones conservadoras. ¿Podrá la industria reinventarse a tiempo?