Miami ha sido anfitriona de 11 Super Bowls, pero su ausencia en la próxima rotación del evento refleja un cambio en los criterios de la NFL. El dueño del Hard Rock Stadium, Stephen Ross, confirmó esta semana que el recinto ya no cumple con los requisitos para albergar el partido, no por el estadio en sí, sino por la transformación de la zona circundante.

La saturación de eventos como el Miami Open y el Gran Premio de Fórmula 1 ha alterado el entorno, dificultando la logística necesaria para el Super Bowl. «Lo que más ha sufrido es que Miami no ha recibido un Super Bowl en los últimos años, cuando antes solía tener uno cada cinco», declaró Ross en declaraciones recogidas por South Florida Business Journal y DolphinsTalk.com.

«Es un evento emocionante, pero ahora mismo no estamos alineados con los requisitos. Aunque el clima sigue siendo ideal, la NFL considera que no cumplimos todas las demandas», añadió. A pesar de ello, Ross no descarta futuras mejoras: «Estamos analizando cómo modernizar el estadio para que siga siendo competitivo y mejorar la experiencia de los aficionados».

El último Super Bowl en Miami, el LIV (Chiefs vs. 49ers en 2020), llegó tras una década de espera debido a las reformas necesarias, como la instalación de un techo para evitar lluvias como las que afectaron al Super Bowl XLI (Colts vs. Bears). Ross invirtió fondos propios tras descartar la financiación pública.

Su hijo político, Daniel Sillman, cada vez más involucrado en la gestión del equipo, asegura que existe una solución para cumplir con las exigencias de la liga. Sin embargo, Miami no figurará en la próxima terna de sedes: Los Ángeles (2027), Atlanta (2028) y Las Vegas (2029) ya tienen el evento asignado. Nashville, con su nuevo estadio, también entrará en la rotación como parte de acuerdos con contribuyentes.

Este escenario refleja una tendencia: las ciudades con estadios modernos y mejor financiados tienen prioridad. La NFL presiona para que otras plazas inviertan en infraestructuras. Miami, que debería albergar el Super Bowl cada cinco años, ve cómo se alarga su sequía. Por ahora, el récord de 10 años sin el evento podría superarse sin visos de mejora a corto plazo.