El activista supremacista blanco Nick Fuentes, conocido por su discurso de extrema derecha y sus tácticas de acoso contra republicanos moderados, enfrenta ahora una rebelión dentro de su propio movimiento. Sus seguidores, conocidos como 'groypers', cuestionan su liderazgo tras acusaciones de ser un 'agente federal' y de generar divisiones internas.

Acusaciones de ser un 'agente federal'

La crisis estalló la semana pasada cuando Dan Bilzerian, influencer y heredero de una fortuna millonaria, lanzó una campaña electoral polémica en Florida y acusó a Fuentes de ser un informante del gobierno. En un mensaje publicado en la plataforma X, Bilzerian afirmó:

«Creo que Nick Fuentes es un agente federal».

Bilzerian, quien ha virado hacia posturas antisemitas, criticó a Fuentes por supuestamente promover la división constante y el enfrentamiento interno entre los miembros de su movimiento. Estas declaraciones desencadenaron una ola de críticas contra Fuentes por parte de figuras cercanas a él, incluyendo a otros supremacistas blancos y antisemitas que antes lo apoyaban.

El declive de un líder controvertido

Fuentes, conocido por su retórica agresiva y su papel en la radicalización de sectores de la derecha alternativa, ha visto cómo su influencia se resiente. Sus tácticas, como infiltrarse en eventos de organizaciones conservadoras moderadas para imponer su agenda, han generado tensiones incluso con aliados como Tucker Carlson y la Heritage Foundation.

Además, su cercanía con figuras extremistas y su apoyo a teorías conspirativas han alejado a sectores más moderados dentro del movimiento conservador, acelerando su aislamiento.

¿Qué sigue para Fuentes y sus seguidores?

A pesar de las acusaciones, Fuentes ha intentado mantener su base de apoyo, pero el daño a su reputación es evidente. La rebelión interna podría debilitar aún más su capacidad para movilizar a sus seguidores y consolidar su influencia en la extrema derecha estadounidense.

Mientras tanto, Bilzerian, que se presenta como candidato en Florida, aprovecha el descontento para ganar visibilidad en un escenario político cada vez más polarizado.