La semana pasada, se analizó cómo la derecha ha consolidado su control sobre instituciones clave, como el Tribunal Supremo de EE.UU., obligando a los demócratas a tomar decisiones difíciles. En Virginia, la gobernadora Abigail Spanberger ha elegido la opción menos combativa frente a un fallo judicial que anuló los nuevos mapas electorales aprobados por los votantes en un referéndum que costó a los demócratas unos 70 millones de dólares.
El Tribunal Supremo de Virginia, de mayoría conservadora, invalidó los mapas tras un proceso que cumplió estrictamente con la ley. Spanberger respondió con una declaración tibia, expresando su «decepción» pero sin anunciar medidas contundentes para defender la voluntad de los votantes. Sin embargo, existe una solución legal al alcance: la Constitución de Virginia permite modificar la edad de jubilación forzosa de los jueces del Tribunal Supremo estatal. Según Quinn Yeargain, de The Downballot, bastaría con reducir la edad a 54 años mediante una enmienda en el presupuesto anual, que vence el 30 de junio. Esto permitiría reemplazar a los siete magistrados actuales, todos mayores de 54 años, por otros nombrados por Spanberger.
«Los demócratas podrían preferir otras opciones, pero si quieren respetar la voluntad de los votantes antes de noviembre, esta es la única viable con altas probabilidades de éxito», concluyó Yeargain.
Pese a ello, Spanberger ha descartado la medida. Algunos legisladores demócratas, como el líder de la mayoría en el Senado, Scott Surovell, alegan obstáculos logísticos, como el plazo del 12 de mayo para finalizar los mapas antes del inicio de la votación anticipada. Sin embargo, esta postura contrasta con las acciones de la derecha, que en estados como Luisiana modifica los mapas electorales incluso durante procesos en curso, sin importar plazos ni consultas ciudadanas.
Surovell tachó la propuesta de «extrema», argumentando que «eliminar todo el Tribunal Supremo es un paso demasiado drástico por un desacuerdo». Sin embargo, esta crítica palidece frente a la estrategia republicana de erosionar sistemáticamente el poder político de la comunidad negra en el sur, sin que los demócratas presenten resistencia efectiva. La democracia no puede sostenerse cuando un partido teme consecuencias hipotéticas por violar normas, mientras el otro destruye la Constitución con impunidad.