El presidente ruso, Vladimir Putin, durante un acto en Moscú el pasado 9 de mayo de 2026. (Foto: Getty Images)
Si alguien intentara enumerar todas las mentiras que Vladimir Putin ha difundido a lo largo de su carrera política, necesitaría meses para completarlo. La última no es una excepción: el pasado fin de semana, el líder ruso aseguró que la guerra de Rusia contra Ucrania estaba llegando a su fin. Algunos interpretaron estas palabras como un gesto de apertura al diálogo. Sin embargo, solo unos días después, su ejército —que no hay otra forma de describirlo— lanzó uno de los ataques con drones más masivos contra civiles ucranianos desde el inicio del conflicto.
Recordemos que, cuando Rusia invadió Ucrania a gran escala en febrero de 2022, el Kremlin creía que las tropas rusas serían recibidas como libertadoras y que Kiev caería en cuestión de días. Desde entonces, Putin y su maquinaria bélica han intentado ajustar su estrategia sin éxito.
Tras subestimar la resistencia ucraniana, el Kremlin ha buscado influir en el expresidente Donald Trump y en el vicepresidente JD Vance para que apoyen sus intereses. Sin embargo, Trump, conocido por su imprevisibilidad, ha mostrado en ocasiones su frustración por la prolongación de la guerra. El Kremlin, por su parte, prefiere tratar con actores predecibles, pero en este caso, se ve obligado a negociar con la incertidumbre.
Ante este panorama, Putin opta por ganar tiempo con falsas propuestas de paz. Estas declaraciones carecen de credibilidad y, en el mejor de los casos, buscan una pausa para rearmarse antes de reanudar su ofensiva contra Ucrania. Pero, ¿hasta qué punto es evidente que Putin miente?
En el pasado, el líder ruso justificó su fracaso en tomar Kiev en tres días argumentando que el entonces primer ministro británico, Boris Johnson, convenció a los ucranianos de no rendirse —algo que, según los hechos, nunca ocurrió—. Más tarde, Tucker Carlson difundió esta misma mentira durante su polémica entrevista con Putin.
Hoy, Putin culpa al presidente francés, Emmanuel Macron, de haberlo disuadido. Sin embargo, esto no es más que una muestra de su estrategia de desinformación constante.
Un ejemplo reciente: a finales del año pasado, Putin llamó personalmente a Trump para acusar a Ucrania de intentar bombardear su residencia en Valdái. La CIA desmintió inmediatamente estas afirmaciones, pero el objetivo era claro: apelar a la emotividad de Trump y presentarse como un actor moderado. «Miren, estoy intentando ser razonable. Podría destruir a los ucranianos en cualquier momento, pero prefiero la diplomacia», parece ser su mensaje.
Las mentiras de Putin son descaradas y agresivas por una razón: desestabilizar, confundir y ganar tiempo. Tras los atentados con bombas en apartamentos de 1999 en Rusia, que muchos atribuyen a su propio gobierno, es difícil entender cómo alguien aún confía en su palabra.