En la década de 1970, el neuropsicólogo ruso Alexander Luria, junto al científico de la Universidad de Stanford Karl Pribram y otros expertos en neurología, acuñaron el término "funciones ejecutivas" para describir comportamientos complejos como la atención y la conciencia.

Sus investigaciones, basadas en experimentos con primates y pacientes con lesiones cerebrales específicas, identificaron el lóbulo frontal —la parte delantera del cerebro— como el "director de orquesta" de estas funciones. Este área es responsable de procesos mentales esenciales para la planificación, el control de impulsos y la toma de decisiones.

La evolución del concepto

A lo largo de los años, el concepto se amplió para incluir habilidades como:

  • La capacidad de enfocarse en tareas pese a múltiples distracciones.
  • La concentración bajo presión o estrés.
  • La toma de decisiones informadas frente a impulsivas.
  • La gestión de recursos cuando la información es abrumadora.

Estas funciones son críticas no solo en el ámbito clínico, sino también en el liderazgo empresarial, donde la claridad mental y la estrategia son pilares fundamentales.

¿Qué ocurre cuando un CEO pierde estas capacidades?

La pérdida de funciones ejecutivas en un director ejecutivo puede desencadenar consecuencias graves para una organización. Algunos escenarios incluyen:

  • Decisiones erráticas: La dificultad para evaluar riesgos o priorizar objetivos puede llevar a estrategias fallidas.
  • Falta de control emocional: Impulsividad o reacciones desproporcionadas ante crisis.
  • Deterioro en la comunicación: Mensajes confusos o incoherentes que afectan al equipo.
  • Riesgo reputacional: Acciones que generan desconfianza en inversores o clientes.

Estos problemas no solo impactan en la productividad, sino que también pueden derivar en conflictos legales o la caída del valor de la empresa.

Señales de alerta en líderes

Identificar tempranamente un deterioro en las funciones ejecutivas es clave. Algunas señales incluyen:

  • Dificultad para priorizar tareas o proyectos.
  • Incapacidad para adaptarse a cambios en el entorno empresarial.
  • Problemas de memoria a corto plazo o desorientación.
  • Cambios bruscos en el comportamiento o humor.

En estos casos, es fundamental buscar evaluaciones neurológicas o psicológicas para determinar la causa y aplicar soluciones, como tratamientos médicos, terapia cognitiva o incluso un relevo en la dirección.

El papel de los consejos de administración

Los órganos de gobierno de las empresas deben estar atentos a estos riesgos. Implementar protocolos de evaluación periódica de la salud cognitiva de los altos ejecutivos puede prevenir crisis. Además, fomentar una cultura de transparencia y apoyo psicológico en el entorno laboral contribuye a un liderazgo más resiliente.

"Las funciones ejecutivas son el motor de la estrategia empresarial. Su deterioro no solo afecta al individuo, sino a todo el ecosistema corporativo."

Conclusión: Un desafío para el liderazgo moderno

La pérdida de funciones ejecutivas en un CEO plantea un reto complejo para las empresas. Reconocer su importancia y actuar con anticipación —ya sea mediante apoyo médico, ajustes en la gestión o cambios en el liderazgo— es esencial para garantizar la continuidad y el éxito de la organización.

Fuente: STAT News