El presidente Donald Trump está gobernando como si no tuviera que enfrentarse nunca más a unas elecciones, hipotecando el futuro del Partido Republicano con promesas que no podrá cumplir. Su popularidad ha caído a mínimos históricos en su segundo mandato, y sus políticas estrella —aranceles, la guerra en Irán y la redistribución de distritos— se están convirtiendo en pasivos tóxicos que la formación republicana arrastrará mucho después de noviembre.
Dato clave: Según la última encuesta de Fox News, los demócratas lideran a los republicanos por cuatro puntos en economía, algo que no ocurría desde 2010.
Caso práctico: Virginia, el laboratorio de los errores de Trump.
Redistribución de distritos: El referéndum celebrado este martes abre la puerta a un nuevo mapa electoral que podría invertir la ventaja demócrata en el Congreso de Virginia, pasando de 6-5 a 10-1 a su favor. Esto borraría las cinco bancadas ganadas por Trump en el gerrymander de Texas del pasado verano, que desató una carrera nacional por manipular los distritos electorales.
Consecuencias del despido masivo: Un año después de que Elon Musk recortara plantilla en el gobierno federal, unas 300.000 personas siguen sin empleo, muchas de ellas en Virginia. Allí, los demócratas lograron en noviembre una victoria histórica que les permitió impulsar el referéndum de redistribución.
Reacción republicana: «Tras invertir decenas de millones en un esquema de gerrymander, los demócratas apenas lograron un margen de tres puntos en un estado donde Abigail Spanberger ganó por 15», declaró Kiersten Pels, portavoz del Comité Nacional Republicano. «Los republicanos están unidos tras una estrategia para lograr una victoria histórica en las elecciones de mitad de mandato».
La guerra en Irán y su impacto en el electorado: El conflicto ha causado un daño profundo y duradero al Partido Republicano. Aunque figuras como Tucker Carlson —que esta semana pidió disculpas por su apoyo incondicional a Trump— o Marjorie Taylor Greene no votarían a los demócratas, el realineamiento antibélico que representan —jóvenes votantes, seguidores de Joe Rogan y la coalición «no a las guerras eternas» que llevó a Trump a la victoria en 2024— está en ruinas.
Con los precios de la gasolina superando los 4 dólares por galón, Trump admitió el jueves que los estadounidenses deberán pagar más «durante un tiempo» a cambio de un Irán sin armas nucleares. Una encuesta de Reuters/Ipsos revela que el 78% de los votantes considera los precios de la gasolina una «preocupación muy grave», y el 77% culpa a Trump.
La economía, en caída libre antes del conflicto: La popularidad de Trump ya se resquebrajaba antes de la guerra en Irán. Los votantes rechazaban su agenda arancelaria en medio de una crisis de asequibilidad generalizada.
Los aranceles de Trump, un fracaso estratégico: Prometidos como una solución mágica para relocalizar la industria estadounidense, asegurar acuerdos comerciales favorables y llenar las arcas del Tesoro, los aranceles de Trump terminaron siendo tumbados por el Tribunal Supremo. La Corte anuló su uso maximalista de poderes de emergencia, obligando al gobierno a devolver más de 166.000 millones de dólares en impuestos ilegales.
El viernes, Trump criticó al Tribunal Supremo, argumentando que «una frase más» que bloqueara las devoluciones podría haber ahorrado al gobierno cientos de miles de millones.
Declaraciones clave:
«La iniciativa del presidente Trump para ajustar el tamaño del gobierno federal ha ahorrado miles de millones a los contribuyentes y reducido el empleo público a su nivel más bajo desde los años 60».