La rivalidad entre Estados Unidos y China por alcanzar la supremacía en inteligencia artificial (IA) está alcanzando un punto crítico, y el riesgo de que esta tecnología se utilice con fines militares o cibernéticos podría comprometer la seguridad global.
Un encuentro clave para definir normas en IA
El presidente estadounidense, Donald Trump, se reunirá esta semana con su homólogo chino, Xi Jinping, en Pekín para abordar, entre otros temas, la regulación de la IA. Según fuentes oficiales estadounidenses citadas por la prensa, el objetivo es abrir un diálogo sobre la posible creación de canales de comunicación para establecer normas comunes en el uso de esta tecnología.
«Queremos aprovechar esta reunión con los líderes para iniciar una conversación y evaluar si es necesario establecer un canal de comunicación en materia de inteligencia artificial», declaró un funcionario estadounidense.
La tensión entre control y competencia tecnológica
Estados Unidos ha impuesto controles a la exportación de tecnologías avanzadas para frenar el avance de China en IA, pero los responsables políticos estadounidenses reconocen que ambos países podrían necesitar reglas compartidas para su despliegue. Modelos chinos como DeepSeek compiten directamente con los desarrollados en EE.UU., y tanto Washington como Pekín ven en la IA un motor económico, una herramienta de inteligencia y un posible arma cibernética.
Esta doble faceta de la IA —como activo estratégico y como amenaza potencial— dificulta la cooperación, pero también la hace más urgente. Aunque 16 ejecutivos empresariales, entre ellos Elon Musk y Tim Cook, acompañarán a Trump en el viaje, no se espera la presencia de los CEOs de las principales empresas de IA.
El desafío de regular modelos cada vez más poderosos
Mientras tanto, las empresas estadounidenses de IA enfrentan el reto de cómo lanzar al mercado modelos cada vez más potentes, que son excepcionalmente hábiles para identificar y explotar vulnerabilidades en software. La Casa Blanca ha estado inmersa en un intenso debate interno durante un mes sobre cómo regular estos lanzamientos, tras más de un año oponiéndose a cualquier tipo de regulación.
En un giro irónico, el gobierno estadounidense acusó el mes pasado a China de llevar a cabo campañas a «escala industrial» para robar y replicar modelos de IA estadounidenses. Sin embargo, la hipocresía salta a la vista: ambos países están probando capacidades ofensivas de modelos avanzados de IA, potencialmente para usarlos el uno contra el otro.
Acusaciones mutuas y espionaje con IA
En noviembre, la empresa Anthropic denunció que Pekín habría utilizado su modelo Claude para automatizar parte de una campaña de espionaje dirigida a unas 30 organizaciones globales. Paralelamente, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EE.UU., conocida por sus operaciones de inteligencia, ya está probando el modelo Mythos para posibles usos ofensivos.
«El tema es tan importante y peligroso que deberíamos mantener un diálogo con China al respecto», declaró Melanie Hart, directora senior del Global China Hub del Atlantic Council y exfuncionaria del Departamento de Estado, a la prensa. Sin embargo, Hart advirtió que en reuniones anteriores sobre seguridad en IA durante la administración Biden, China habría participado principalmente «para recopilar información sobre Estados Unidos, en lugar de mostrar un interés real en establecer normas de protección».
Durante aquellos encuentros, Pekín habría enviado representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores sin experiencia técnica en IA, añadió.
¿Qué podemos esperar de esta visita?
Hart subrayó que no hay que esperar que un solo viaje transforme la política de IA de EE.UU. hacia China de la noche a la mañana. En su lugar, la reunión podría servir para determinar si futuros diálogos entre ambos países sobre seguridad en IA serán sustanciales o quedarán en meros gestos simbólicos.
«A partir de ahí, podremos evaluar quién está realmente comprometido con establecer normas de seguridad en IA», concluyó.