La crianza de los hijos está llena de desafíos cotidianos, y uno de los más comunes es lograr que los más pequeños se sienten a la mesa. En Minor Dilemmas, la sección de Defector donde el Consejo de Padres resuelve dudas sobre la vida familiar, un padre compartió su experiencia con una táctica poco convencional para conseguir que su hijo de dos años se quedara en su silla durante la cena de Pascua.
Tras probar sin éxito razonamientos, amenazas y ruegos, el padre recurrió a un recurso desesperado: inventó que el Conejo de Pascua castigaba a los niños desobedientes metiéndolos en huevos de Pascua y convirtiéndolos en chocolate. El pequeño, de inmediato, obedeció y se sentó en su silla. Desde entonces, el padre ha utilizado esta amenaza en dos ocasiones más, logrando una obediencia inmediata. Pero, ¿es esta una buena práctica educativa?
La pregunta no es baladí. Aunque la estrategia funcionó en el momento, los expertos en psicología infantil advierten sobre los riesgos de recurrir al miedo como herramienta de disciplina. El uso de figuras amenazantes o monstruos puede generar ansiedad en los niños y afectar su relación con la autoridad parental a largo plazo.
¿Qué dicen los expertos?
Según la psicóloga infantil María López, autora del libro Educar sin miedo, «el miedo es un recurso fácil y rápido, pero no sostenible». López explica que, aunque puede funcionar a corto plazo, «los niños que crecen con amenazas constantes desarrollan una relación de sumisión con sus padres, en lugar de una basada en el respeto mutuo». Además, añade que «el miedo puede generar traumas en etapas posteriores, especialmente si la figura amenazante se asocia a elementos como la comida o el sueño».
Por otro lado, el pedagogo Carlos Martínez señala que «el problema no es el uso puntual de una figura como el Conejo de Pascua, sino la normalización del miedo como método de control». Martínez recomienda alternativas más saludables, como establecer rutinas claras o utilizar refuerzos positivos. «En lugar de asustar al niño, es mejor explicarle las consecuencias naturales de sus actos. Por ejemplo: ‘Si no comes, no tendrás energía para jugar después’», sugiere.
Alternativas al miedo en la crianza
Si el objetivo es fomentar la obediencia sin recurrir a estrategias controvertidas, los expertos proponen varias alternativas:
- Refuerzo positivo: Premiar los comportamientos deseados con elogios, abrazos o pequeños premios. Por ejemplo, felicitar al niño cuando se siente en la silla sin protestar.
- Rutinas y límites claros: Establecer horarios fijos para las comidas y explicar las normas de manera sencilla. «Los niños necesitan estructura», afirma López.
- Participación activa: Involucrar al niño en la preparación de la comida o en la decoración de la mesa puede aumentar su interés por sentarse a comer.
- Modelado: Los padres deben dar ejemplo. Si los niños ven que los adultos disfrutan de las comidas en familia, es más probable que quieran imitar ese comportamiento.
¿Cuándo recurrir al miedo puede ser contraproducente?
Aunque en situaciones puntuales el miedo pueda parecer una solución rápida, los expertos coinciden en que su uso repetido puede tener consecuencias negativas:
- Ansiedad y estrés: Los niños pueden desarrollar miedo a figuras o situaciones que, en principio, no deberían ser amenazantes.
- Desconfianza hacia los padres: Si el niño descubre que la amenaza era falsa, puede cuestionar la credibilidad de sus padres en el futuro.
- Problemas de autoestima: Sentirse constantemente amenazado puede hacer que el niño desarrolle una imagen negativa de sí mismo.
El padre que compartió su experiencia en Minor Dilemmas reconoció que, aunque la táctica funcionó, se sintió incómodo al usar el miedo como herramienta educativa. «No quiero que mi hijo me obedezca por miedo, sino porque entienda que es lo correcto», confesó.
En definitiva, aunque el miedo pueda ser un recurso tentador en momentos de frustración, los expertos insisten en que la crianza basada en el respeto y la comunicación es la más efectiva a largo plazo. «Los niños no necesitan monstruos para aprender, necesitan guías», concluye López.