Las máquinas expendedoras de seguros de vida en aeropuertos, que dispensaban pólizas por 2,50 dólares para cubrir hasta 62.500 dólares, fueron un fenómeno curioso de los años 70 y principios de los 80. Estos dispositivos, dirigidos a pasajeros ansiosos, reflejaban una estrategia comercial basada en el miedo más que en una necesidad real. Durante décadas, este recuerdo condicionó la percepción sobre los seguros de viaje: ¿realmente aportaban valor o solo vaciaban el bolsillo?

Sin embargo, un reciente viaje familiar a Dinamarca obligó a replantearse esa idea. Como cualquier otro producto de seguro, la clave está en distinguir entre coberturas razonables y aquellas diseñadas para generar gastos superfluos. Para aclarar dudas, consultamos a Lee Huffman, experto en viajes y fundador de BaldThoughts.com, quien desglosa qué aspectos del seguro de viaje merecen atención y cuáles pueden omitirse.

¿Qué cubre realmente un seguro de viaje?

El término seguro de viaje engloba múltiples tipos de cobertura, cada una dirigida a proteger aspectos específicos del viaje. Estas son las principales:

  • Cancelación, interrupción o retraso del viaje: Reembolsa los gastos no reembolsables si cancelas o modificas tu viaje por causas justificadas, como enfermedad, pérdida de empleo o retrasos en vuelos. Con un 21% de los vuelos retrasados y un 1,47% cancelados en lo que va de año, es una de las coberturas más demandadas.
  • Atención médica: Aunque algunos seguros médicos estadounidenses cubren emergencias en el extranjero, Medicare no lo hace. Incluso con cobertura internacional, suelen existir lagunas. Un seguro médico de viaje garantiza asistencia sanitaria durante el viaje.
  • Evacuación médica de emergencia: Si en tu destino no hay atención médica adecuada, esta cobertura cubre el traslado a un lugar con servicios sanitarios. No suele incluirse en los seguros médicos tradicionales, aunque algunas tarjetas de crédito la ofrecen como beneficio.
  • Pérdida o daño del equipaje: Aunque el seguro del hogar suele cubrir pertenencias en viaje, este tipo de póliza puede compensar franquicias y excluir artículos específicos.

Identifica tus mayores riesgos para personalizar tu seguro

Ante la lista de coberturas disponibles, surge la duda: ¿necesitas asegurar cada aspecto del viaje? La respuesta es no. Según Huffman, no todas las partidas del presupuesto viajero tienen el mismo nivel de riesgo. Por ejemplo, los gastos más elevados —vuelos y alojamiento— suelen estar protegidos por políticas de cancelación de aerolíneas y establecimientos, así como por beneficios de tarjetas de crédito.

La estrategia más inteligente es priorizar las coberturas según tus necesidades reales. Si viajas a un país con sanidad pública deficiente, la cobertura médica será esencial. Si reservas vuelos con aerolíneas de bajo coste o alojamientos no reembolsables, la cancelación del viaje cobrará mayor relevancia. En cambio, si tu equipaje es básico y tu destino es seguro, podrías prescindir de esta protección.

En definitiva, el seguro de viaje no es un gasto obligatorio, pero sí una herramienta útil cuando se contrata con criterio. La clave está en evaluar riesgos concretos y evitar duplicidades con coberturas ya existentes, como las de tu tarjeta de crédito o póliza de hogar.