El magnate de las finanzas Warren Buffett, considerado uno de los inversores más exitosos de la historia, ha expresado en repetidas ocasiones su opinión sobre las apuestas deportivas. A sus 95 años, el legendario empresario no duda en calificar este negocio como "un impuesto a la estupidez".

En una reciente entrevista con CNBC, recogida por Ben Horney de Front Office Sports, Buffett explicó su postura con crudeza:

"Es un impuesto a la estupidez. Para que los estados obtengan miles de millones en ingresos fiscales, es como si aliviara indirectamente los impuestos que pagamos los ricos. No es directo, pero es el efecto neto".

En 2025, las apuestas deportivas legales generaron 2.890 millones de dólares en ingresos fiscales para los estados que las han legalizado. Sin embargo, Buffett no celebra este dato. "No me gusta que se aprovechen de la gente", declaró. "No creo que el gobierno deba jugar con sus ciudadanos como si fueran incautos".

Un negocio diseñado para perder

Más allá de la crítica moral, Buffett analiza el modelo económico detrás de las apuestas deportivas. Estas empresas no crean riqueza; solo redistribuyen el dinero de los apostadores hacia las casas de apuestas y los estados. El sistema está diseñado para maximizar las ganancias y minimizar las pérdidas para los operadores, dejando a los apostadores en clara desventaja.

Antes de su legalización, las apuestas deportivas operaban en la sombra, con riesgos mucho mayores para los apostadores. Ahora, con su normalización, el acceso es masivo, pero el mensaje sigue siendo el mismo: las probabilidades siempre están en contra del apostador.

La paradoja de la "responsabilidad" en el juego

Las casas de apuestas promueven campañas de "juego responsable", pero, según Buffett, el término es engañoso. "Lo que realmente quieren decir es 'pierde de forma responsable'", afirma. El objetivo no es proteger al apostador, sino garantizar que pierda de manera constante y sostenible, sin arruinarse en el corto plazo.

Este enfoque no solo beneficia a las empresas, sino también a los estados, que obtienen ingresos fiscales sin asumir riesgos. Sin embargo, el coste humano es alto: adicciones, problemas financieros y destrucción de familias.

Buffett no tiene dudas: las apuestas deportivas son un negocio que prospera a costa de la vulnerabilidad ajena. Y, en su opinión, eso no debería ser responsabilidad del gobierno.