La FCC bajo Trump: De regulador a herramienta de censura
Durante su segundo mandato, el presidente Donald Trump exige una burocracia alineada con sus intereses políticos. En este contexto, Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), se ha convertido en el máximo exponente de esta redefinición del papel de las instituciones públicas. Creada en 1934 para supervisar licencias de radio y telecomunicaciones, la FCC ha sido transformada bajo su liderazgo en un instrumento de represión política.
Carr ha utilizado su cargo para silenciar medios críticos, presionar a empresas y condicionar fusiones a cambios editoriales. Su historial es revelador: Verizon y T-Mobile eliminaron programas de diversidad e inclusión para obtener su aprobación en fusiones. Paramount, dueña de CBS, nombró un ombudsman para garantizar "diversidad de opiniones" y así conseguir luz verde para su fusión con Skydance, cediendo así a la influencia de Carr sobre el contenido informativo.
Presión a medios y censura indirecta
Uno de los casos más escandalosos involucra a Paramount y una demanda de Trump. La empresa acordó pagar una indemnización a Trump por un reportaje de 60 Minutes que le desagradó, tras lo cual Stephen Colbert fue cancelado. El presentador había calificado el pago como un "gran soborno", pero la fusión fue aprobada igualmente.
Otro ejemplo aún más grave ocurrió con Jimmy Kimmel, presentador de Jimmy Kimmel Live! en ABC. Tras una broma de Kimmel sobre Trump, Carr amenazó a Disney con represalias de la FCC si no despedía al humorista. "Podemos hacerlo fácil o difícil", advirtió. Aunque Carr había tuiteado años atrás que censurar a comedantes nocturnos sería un "grave peligro para las libertades", su reacción fue inmediata: inició una revisión de las licencias de ABC al día siguiente de que Trump pidiera su despido. Tras meses de acoso, Disney se vio obligada a defender a sus afiliados.
"Es difícil imaginar un abuso más descarado del poder público: castigar a individuos privados por su libertad de expresión".
El riesgo de politizar agencias independientes
La FCC ha sido tradicionalmente una agencia independiente, dirigida por una junta bipartidista con mandatos fijos y removibles solo por "causa justificada". Este diseño, establecido por el Congreso, buscaba protegerla de presiones políticas. Sin embargo, Carr es un ejemplo claro de los riesgos de este sistema cuando se politiza.
Cuando Trump lo nombró presidente de la FCC, lo elogió como un "guerrero por la libertad de expresión". Lo que obtuvo fue un enemigo de la prensa libre, pero un aliado incondicional de Trump. A pesar de este historial, el Tribunal Supremo —con mayoría conservadora— parece dispuesto a avalar este tipo de prácticas.
Durante los primeros meses de la presidencia de Trump, el alto tribunal, con jueces designados por republicanos, usó su docket de emergencia para destituir a comisionados demócratas en agencias como la Junta Nacional de Relaciones Laborales, la Comisión Federal de Comercio, la Junta de Protección del Sistema de Méritos y la Comisión de Seguridad de Productos de Consumo. Estas decisiones sentaron un precedente peligroso: la subordinación de instituciones independientes al poder ejecutivo.
¿Hacia un futuro de mayor control político?
El caso de Carr y la FCC plantea una pregunta urgente: ¿está el Tribunal Supremo dispuesto a avalar la captura política de agencias reguladoras? Si la respuesta es afirmativa, el escenario futuro podría incluir más casos como el suyo: fusiones condicionadas a censura mediática, represalias contra periodistas y el uso de instituciones públicas como herramientas de represión política.
Mientras tanto, figuras como Carr siguen en el centro de la polémica, defendiendo su actuación como un ejercicio de "protección del interés público". Sin embargo, su historial demuestra lo contrario: la FCC bajo su mando no regula, sino que censura.